Al Derecho

Christiania

Con ese bonito nombre se denomina una espaciosa área verde al borde de un río dentro de una zona muy próxima al centro de la ciudad de Copenhague, ese predio de 32 hectáreas de antiguos cuarteles fue invadido en noviembre de 1971 por un grupo de hippies que lo declararon estado libre y desde entonces han vivido ahí en una especie de vida comunal de amor y paz.

En ese bello lugar centenares de bohemios, artistas, músicos, carpinteros, artesanos, la mayor parte de ellos -o todos- consumidores de mariguana, edificaron sus casas de madera, establecieron sus talleres, abrieron sus restaurantes, elaboraron artesanías o cosas de ese tipo y adoptaron como filosofía de vida “no trabajar y esforzarse lo menos posible”.

Tuve la ocasión de visitar esa comuna en abril de 1976, recuerdo perfectamente el olor penetrante de la mariguana, lo mugroso y desaliñado de todos, la mayoría greñudos que cocían, pintaban, eran ebanistas o artesanos, algunos estaban echados en montículos de paja, la tierra apisonada, aquello parecía más una carpa de circo; también me acuerdo que había gallinas y cabras en corrales dentro de sus casas, los niños estaban desnudos junto a estos animales, a algunos tipos se les veía “muy pasados” o en plena absorción de cannabis; ese cuadro que en ese tiempo sería el ideal de vida de muchos ahí ocurría –y sigue ocurriendo- en esa comuna asentada dentro de una de las ciudades más civilizadas y con mayor calidad de vida.

Pero si el impacto de lo mal oliente y sucio fuera poco, resultó que, de repente, un contingente de policías irrumpió (nunca supe por qué ni a qué entró la fuerza pública) y vi pasar las piedras que lanzaban los hippies, quienes más que enojados estaban enfurecidos por esa incursión.

El problema de la existencia de esa comunidad nunca se pudo  resolver, así que mejor se inventó la teoría de que esa forma de vida constituía un “experimento social”, experimento que ya lleva 43 años y cuyos resultados más sobresalientes son que a esos okkupas no les ha costado nada vivir ahí pues no pagaban renta, ni consumo de agua, exigían y recibían servicios; y algo más peculiar, obtuvieron que se declarara legal (hasta 2004) el comercio de mariguana en la calle Pusher Street.

Según datos publicados por Concha Boo, reportera de El País, un millón de personas visitan anualmente Christiania y solo por la venta de mariguana los hippies ingresan unos 150 millones de dólares en las 40 tiendas que expenden unos 30 o 40 tipos de cannabis, lo que ahora está amenazando la tranquilidad por los problemas que acarrea la criminalidad y la invasión de grupos violentos.

De ese experimento social ahora los vecinos reclaman que quieren llegar a ser una “zona experimental”, lo que según ellos significa, ser una “ciudad libre”, una ecometrópoli en la que se deben desarrollar nuevos proyectos de arquitectura creativa, medio ambiental y con proyectos rentables.

Para lograrlo ya han comprado 7 hectáreas (de las 32 que ocupan)  bajo un régimen de propiedad comunal y han constituido una Fundación, lo que según algunos “los ha convertido casi en una estructura capitalista” pues tienen que pagar al banco los créditos contratados, algo que también pone en riesgo su filosofía de la vida, que según una de sus residentes siempre ha sido “no trabajar demasiado ni perturbar nuestra calidad de vida”, pero, al mismo tiempo dice, “esto no es un museo que se viene a mirar, sino algo vivo, tenemos que convertir esta ciudad libre en una parte creativa y experimental”.

Las 780 personas que viven en esta comuna (12 bebés y decenas de jóvenes y adolescentes) están en contra del gobierno pero no tienen empacho en recibir de éste el seguro del desempleo, las pensiones, la seguridad social, 300 euros trimestrales para ropa de los niños y 750 euros al mes los estudiantes.

Los 3,000 turistas que diariamente la visitan y que ahora ni siquiera pueden tomar fotos son un filón que será explotado en un futuro. Los hippies de Christiania están equivocados si piensan que vivir entre la mugre, el mal olor y la mariguana es sinónimo de vivir en una “ciudad libre”  al margen de la ley, y  es un error creer que esa comuna es un ejemplo de vida buena.

csepulveda108@gmail.com