Al Derecho

Candidato republicano

El caucus (reunión informal para elegir delegados partidistas) en Iowa marca el arranque del proceso electoral a la presidencia de los Estados Unidos, el dato relevante es la derrota de Donald Trump y el ascenso de los senadores Ted Cruz de Texas y Marco Rubio García de Florida como los dos aspirantes con más posibilidades de obtener la candidatura del Partido Republicano.

En Estados Unidos el proceso de elegir candidatos es más importante, difícil y largo que la campaña misma. Las elecciones primarias son consultas a las bases partidistas que se celebran entre enero y julio del año electoral, su objeto es elegir delegados a las convenciones nacionales. Las convenciones se realizan en julio y agosto y los delegados electos en esas primarias, respetando el resultado de cada estado, son quienes eligen al candidato de su partido.

Designados los candidatos en septiembre inician las campañas y el primer martes de noviembre de cada cuatro años los ciudadanos con derecho a voto (más de 200 millones) acuden a las urnas, teóricamente, para elegir a 538 delegados (suma de 435 diputados, 100 senadores y tres electores del Distrito de Columbia) que son quienes, técnicamente, en una reunión de Colegio Electoral que celebran en enero eligen presidente y vicepresidente.

En este sistema indirecto, arcaico y antidemocrático el ganador debe obtener el suficiente número de votos ciudadanos (voto popular) que le aseguren por lo menos los 270 votos electorales (la mitad más uno de los 538 electores) que exige la ley. La realidad es que los ciudadanos votan por candidatos y la suma de esos votos es lo que hace ganar los votos electorales que le corresponden a cada estado. Existe la posibilidad de que se produzcan distorsiones, lo que ya ha sucedido en las elecciones de 1876, 1888 y 2000 en que resultaron presidentes los candidatos que recibieron menos votos populares.

El número de electores que se asigna a los estados es igual al número de diputados y los dos senadores que elige, de ahí que a California con casi 40 millones de habitantes le corresponden 55 votos, a Texas 38, Florida, 29, Nueva York 29, Illinois 20, Pensilvania 20, Ohio 18, Georgia 16, Minnesota 16, Carolina del Norte 15 y New Jersey 14. Bastaría que un candidato ganara en esos once estados para alcanzar la presidencia ya que suman los 270 votos electorales necesarios. En contraste, los 14 estados menos poblados juntos tienen 55 electores, igual que California.

El republicano ganador en Iowa fue Rafael Edward Cruz (no le gustaba que le dijeran "felito y cambió su nombre a Ted Cruz), tiene 45 años, nació en Calgary, Canadá (renunció a esa ciudadanía en 2014), hijo de padre cubano y madre estadounidense, esconde su origen latino, estudió derecho en Princeton y se doctoró en Harvard con honores, fue procurador estatal de justicia y profesor de la Universidad de Texas en Austin, se le reconoce su inteligencia pero algunos compañeros lo definen como "arrogante", "estridente", "desagradable", por todos lados parece que tiene legiones que lo aborrecen.

Aunque ahora presume ser un bautista muy piadoso y se identifica con los grupos radicales por su conservadurismo religioso, Craig Mazin, su compañero de habitación en la Universidad de Princeton (que lo detesta más que nadie) pone en las redes sociales: "Nunca lo he visto rezar. Ni una sola vez".

Ted Cruz se opone al aborto, defiende el matrimonio heterosexual, apoya el derecho a las armas, se propone revocar la reforma sanitaria de Obama, combatir a las elites de ambos partidos, rechaza férreamente la reforma migratoria (mandaría construir un muro y deportar a todos los indocumentados), promete romper el acuerdo nuclear con Irán, está a favor de la pena de muerte y en contra de la legalización de la marihuana.

Marco Rubio García, el otro precandidato, tiene 44 años, presume ser hijo de un mesero y de una empleada doméstica, ambos cubanos, es católico, casado con una señora de origen colombiano, goza de simpatías personales, conservador moderado, lo apoyan las élites de su partido y se dice que puede ser un candidato de consenso ya que a la mayoría de los republicanos no les gusta el estilo de Trump y rechazan el puritanismo ideológico de Cruz.

No deja de ser contradictorio que el Partido Republicano, que se opone a los inmigrantes hispanos, tuviera que postular a un latino como candidato a presidente de los Estados Unidos.

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