Al Derecho

Brasil-México

Mucho se ha debatido en diversos foros durante los últimos años respecto del desempeño y desarrollo de dos países que presumen de avances en el combate a la pobreza, erradicación del hambre, mejora de sus sistemas educativos y lucha contra la corrupción. Esta colaboración no está sustentada en indicadores o datos duros que permitan demostrar lo que aquí se dice, es una impresión subjetiva y una apreciación personal sobre algunas cuestiones en Brasil y en México.

Brasil es más potente económicamente que México, no solo por ser un país más extenso (8.5 millones de kilómetros cuadrados, quinto del mundo y cuatro veces más grande que México) y poblado (200 millones de habitantes), también porque tiene más recursos naturales, más producción agropecuaria, mayor capacidad industrial, más reservas monetarias y mejores empresas; sorprende que algunos afirmen que México tiene un PIB per cápita más elevado, ¿cómo puede ser posible eso cuando el salario mínimo allá es tres veces mayor y solo uno de cada diez mexicanos percibe más de $8,500 al mes?

El ex presidente Lula tiene razón, Petrobras fue transformada hace veinte años, por eso es una empresa pública con inversión privada exitosa y mejor administrada que Pemex, hecho irrebatible pues se afirma que ese es el modelo que se pretende imitar con la reforma energética que se discute.

Se dice que la educación básica de México es mejor (vaya consuelo) y que en educación superior Brasil nos supera; respecto de la pobreza, mucho se presume que millones de brasileños han superado esa condición, qué bueno, pero lo cierto es que en ambos países existen más de cien millones de pobres y una enorme y creciente desigualdad. Nuestra riqueza cultural es más antigua, amplia, variada e importante; nuestra historia mucho más rica, tenemos monumentos y ciudades más bellas, la naturaleza allá ha sido más pródiga pero la mano del hombre aquí ha sido más talentosa.

Después de décadas de dictadura militar Brasil recuperó la democracia en 1985, en 1988 aprobó su actual Constitución, en sus primeros años de democracia dos presidentes electos fueron sustituidos, Tancredo Neves falleció en 1985 días antes de su toma de posesión y Fernando Collor, electo en 1989, fue destituido por la Asamblea Nacional en 1992 por corrupto. Por cierto, en esa Constitución se estableció que el pueblo debería optar por la monarquía o la república, mediante un referéndum la mayoría decidió la forma republicana.

Aunque sea difícil de creer los brasileños son tan corruptos como los mexicanos, pero ellos nos ganan en justicia, los tribunales han castigado a cientos de funcionarios corruptos, el Congreso ya destituyó a un presidente, varios gobernadores han sido depuestos, ocho ministros han sido cesados en este gobierno y centenares de legisladores acusados –algunos procesados- por actos de corrupción, el caso más célebre es el macro proceso Mensalao que tiene en la cárcel a importantes políticos y empresarios; en México no existen historias similares en esta materia.

La construcción de obras públicas son tan mal hechas, deficientes y costosas como las nuestras (cualquier semejanza entre los Panamericanos y el Mundial es mera coincidencia), su infraestructura es igual de insuficiente y los servicios públicos tan malos como los de nosotros.

Desde hace mucho la inseguridad y delincuencia allá era mayor, en 1987 caminar en Río y en Sao Paulo era peligroso, en la noche recomendaban a los turistas que no salieran solos; el control de las favelas por los criminales a pesar de la militarización de esas zonas y la dura vida en las ciudades perdidas provocaban elevados índices de criminalidad, no obstante lo cual parece que en delincuencia organizada les llevamos ventaja, los asesinos en nuestro país son más sanguinarios, las matanzas colectivas en México han ayudado a empatar o a rebasar el número de homicidios de Brasil.

En los últimos veinte años los brasileños han tenido gobiernos exitosos, Fernando Henrique Cardoso y Luis Inácio Lula da Silva transformaron económicamente esa nación, en cambio, durante ese lapso México tuvo gobiernos mediocres, se frenó el crecimiento, la violencia se incrementó  y la desigualdad social se extendió.

Más allá de cifras exactas y de diferencias en algunas variables creo que Brasil y México están empatados en ignorancia, corrupción, violencia, pobreza y desigualdad, en futbol quien sabe.

 

csepulveda108@gmail.com