Al Derecho

Libertad religiosa

Benjamín Constant nació en Suiza en 1767, estudió en universidades de Alemania y Escocia, se nacionalizó francés en 1798, es uno de los más importantes teóricos del constitucionalismo europeo, fue un notable liberal del siglo XIX, escribió varios libros sobre teoría política, fue Tribuno entre 1799 y 1802, cesado porque criticó al autocrático Napoleón paso doce años en el exilio; fue diputado de 1819 hasta su muerte en 1830; también sirvió como consejero de Estado. Se distinguió por su independencia de criterio, propuestas inteligentes y sentido de Estado.

En el estudio preliminar del libro Escritos Políticos (editado por Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989) se dice que el núcleo central de toda la reflexión de Constant es la crítica a Rousseau, hasta el punto de que si se hubiera que resumir en una frase el conjunto de su obra, podría decirse que es la respuesta liberal a Rousseau.

Constant expone sus ideas sobre la libertad religiosa en el capítulo XVII de esa obra, inicia exaltando que la Constitución entonces vigente tuviera la única idea razonable en relación con la religión, la de consagrar la libertad de cultos sin restricción, sin privilegios, sin obligar siquiera a los individuos, siempre que observen las formas exteriores estrictamente legales, a declarar su asentimiento a favor de un culto en particular, evitando así el escollo de la intolerancia civil, con la que se ha querido sustituir a la intolerancia religiosa.

En este tema desafiaba abiertamente a J.J. Rousseau, el personaje más admirado por los liberales de esa época, a quien contradecía en sus puntos de vista respecto a la intolerancia civil y sobre la cuestión religiosa y lo criticaba al afirmar que no conocía ningún sistema de servidumbre que haya consagrado errores más perjudiciales que la eterna metafísica del Contrato Social.

Para Constant la religión era la búsqueda de consuelo contra tantos dolores, y todos los consuelos duraderos son religiosos. La religión es al mismo tiempo la más natural de todas nuestras emociones. Todas nuestras sensaciones físicas y todos nuestros sentimientos morales la hacen renacer en nuestros corazones sin que nos demos cuenta. Todo lo que nos parece ilimitado, todo lo que nos conduce a la ternura o al entusiasmo, la conciencia de una acción virtuosa, de un sacrificio generoso, el amor, un peligro enfrentado con valor, del dolor del prójimo socorrido o consolado, el desprecio del vicio, el odio a la tiranía y muchas cosas más se alimentan del sentimiento religioso. Este es un sentimiento muy relacionado con todas las pasiones nobles, delicadas y profundas que favorecen el desarrollo de la moral y hacen salir al hombre del círculo estrecho de sus intereses.

Respecto de la intervención del gobierno en las cuestiones religiosas, la consideraba perjudicial en cualquier forma, tanto cuando quiere mantener la religión en oposición a la idea de libre examen como cuando quiere establecer la religión, ya que la religión está en la naturaleza; la intervención del gobierno es igual de grave cuando pretende defender la religión; además de que la autoridad nunca debe proscribir una religión, ni siquiera cuando la crea peligrosa.

Cita a Clermont-Tonerre, presidente de la Asamblea Constituyente francesa quien afirmó: "La religión y el Estado son dos cosas completamente distintas, perfectamente separadas, cuya unión no puede más que desnaturalizar a una y a otra. El hombre se relaciona con su Creador o recibe tales o cuales ideas acerca de esta relación; a este sistema de ideas se le llama religión. La religión de cada uno es la opinión que cada uno tiene de sus relaciones con Dios. Al ser libre la creencia de cada hombre, puede abrazar o no una determinada religión, la creencia de la minoría no puede quedar nunca sujeta a la de la mayoría. Ninguna creencia puede venir ordenada por el pacto social. La religión es de todos los tiempos, de todos los lugares, de todos los gobiernos; su santuario está en la conciencia del hombre, y la conciencia es la única facultad que el hombre no puede sacrificar nunca a una convención social. El cuerpo social no debe ordenar ningún culto; no debe tampoco prohibir ninguno".

Constant dio a conocer sus ideas sobre el sentimiento religioso y la libertad religiosa en 1806, si doscientos años después resultan lógicas y aceptables, seguramente en aquel tiempo este pensamiento vanguardista debió provocar cierta polémica.

Este escritor y político aristócrata fue un gran defensor de las libertades públicas y del régimen parlamentario del tipo británico, liberal contrario al jacobinismo, con sus escritos influyó notablemente en la opinión pública de su tiempo.

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