Al Derecho

Amor o dinero

Aunque muchas cosas han cambiado respecto de la relación entre personas del mismo sexo, no deja de ser peculiar un caso ocurrido en los Estados Unidos hace unos años y que en su momento tuvo repercusión en los medios de ese país.

En 1978 compartían su vida como pareja Olivia y Patricia, primero en Los Ángeles, ciudad en la que trabajaba Patricia, posteriormente ésta dejó su trabajo para seguir a Olivia a Nueva York, tiempo después ambas compraron una casa en esa ciudad y otra de vacaciones en el estado de Maine, juntas pagaban esas casas que adquirieron y los gastos comunes.

Olivia pertenecía a una familia muy rica, su padre fundó y fue presidente de una de las principales empresas informáticas del mundo, éste sabía que su hija era lesbiana y aceptaba ese hecho, pero lo que el padre nunca supo fue que su hija, con el supuesto objetivo de darle protección financiera a su compañera adoptó legamente a Patricia, que entonces tenía 44 años, y era un año mayor que su amante y nueva madre.

Después de catorce años de vida en común y solo un año después de la adopción la relación de pareja terminó, ambas se repartieron lo que tenían en común, Olivia le pagó a Patricia 500,000 dólares a cambio de que ésta cediera su parte de propiedad de las casas que habían comprado y Olivia firmó un documento en el que garantizaba: “No he iniciado ni iniciaré en ningún momento ninguna acción legal para revocar o anular tu adopción”.

¿Por qué era importante que el padre de Olivia se hubiera enterado de que su hija había adoptado a alguien? Porque ese magnate legó su enorme fortuna a sus nietos y nunca supo que la hija adoptiva de su hija, legalmente, era su nieta número 19.

Enterada de la forma como el padre de su madre adoptiva y antigua amante decidió repartir su herencia, Patricia compareció judicialmente a reclamar la parte que según ella le correspondía, a esa pretensión se opusieron Olivia y su familia, quienes argumentaron que la adopción había sido un fraude legal y encontraron que las leyes de Maine (lugar en el que se registró la adopción) establecían que los padres adoptantes y los hijos adoptivos deberían vivir en ese estado en el momento de formalizar la adopción, y tomando en cuenta que Olivia y Patricia solo pasaban allí los veranos no se debería reconocer la adopción.

El juez de primera instancia falló a favor de la familia W. aduciendo que el autor de la sucesión quiso repartir sus bienes “entre nietos que hubieran tenido una relación normal de padres e hijos”, lo que en el caso de Patricia era evidente que nunca sucedió.

Si Patricia esperaba obtener herencia debió haber esperado a que falleciera Olivia, pues el hecho de haber comparecido a reclamar la herencia del padre de ésta fue una muestra fehaciente de que su único interés era lucrar.

Es verdad que la relación de parejas del mismo sexo al momento de la ruptura puede producir perjuicios a alguna de las partes, pero en el caso de Olivia y Patricia no hubo  daño pues su relación fue de dos personas iguales que compartieron su vida catorce años y ambas trabajaban, adquirieron bienes conjuntamente (los que se repartieron equitativamente) y el que una hubiera adoptado a  la otra, como se evidenció, fue un subterfugio legal encaminado a obtener beneficios económicos.

Para evitar que al terminar el amor físico nazca el odio personal o que alguna de las partes se beneficie indebidamente la ley prevé soluciones ya que es común que en la ruptura de los matrimonios el poco o mucho dinero que exista casi siempre es fuente de conflictos. De ahí que en el caso de las uniones de personas del mismo sexo es conveniente que las parejas definan esos temas ante Notario Público como lo permite la ley en Jalisco, en donde por cierto no se utiliza la palabra matrimonio para definir algo que es diferente a su naturaleza y esencia milenaria.

Que en la realidad el dinero sea más fuerte que el amor es algo que en la ley no se puede evitar ni prohibir.

 

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