Parlando

Síndrome de Estocolmo

En los últimos años hemos escuchado con mayor frecuencia que la gente padece del denominado "Síndrome de Estocolmo", por lo que vale hacer una reflexión acerca de esta situación que se presenta tanto a nivel internacional como nacional.

El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la cual la víctima de un secuestro, o una persona retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con quien la ha secuestrado. Se debe, principalmente, a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del secuestrador.

Este término toma su nombre a raíz de un atraco a un banco en Estocolmo, Suecia, en agosto de 1973, en donde el ladrón tomó a cuatro empleados del banco en la caja fuerte con él y los mantuvo como rehenes durante 131 horas. Después de que los empleados fueron puestos en libertad, parecían haber formado un vínculo emocional con la paradoja de su captor, quienes terminaron viendo a la policía como su enemigo en lugar del ladrón de bancos.

Los médicos especialistas señalan que las personas con síndrome de Estocolmo presentan los mismos síntomas que las diagnosticadas con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) tales como: insomnio, pesadillas, irritabilidad general, dificultad para concentrarse, facilidad para sobresaltarse, sensaciones de irrealidad o de confusión, incapacidad para disfrutar de experiencias que antes resultaban placenteras, aumento de desconfianza de los demás y flashbacks.

Las causas que originan tal comportamiento se deben a lo siguiente:

• Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan.

• Los rehenes tratan de protegerse, en un contexto de situaciones que les resultan incontrolables, por lo que tratan de cumplir los deseos de sus captores.

• Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito.

• Con base en la historia de desarrollo personal, puede verse el acercamiento de las víctimas con los delincuentes, una reacción desarrollada durante la infancia. Un infante que percibe el enojo de su progenitor, sufre por ello y trata de «comportarse bien», para evitar la situación. Este reflejo se puede volver a activar en una situación extrema.

• La pérdida total del control que sufre el rehén durante un secuestro es difícil de asimilar. Se hace más soportable para la víctima convenciéndose a sí misma de que tiene algún sentido y puede llevarla a identificarse con los motivos del autor del delito.

Aunque fue identificado en un principio en rehenes, también se ha diagnosticado este síndrome en personas que son agredidas en su entorno familiar, víctimas de incestos, miembros de determinadas sectas, prisioneros en campos de concentración, prisioneros de guerra y niños torturados psicológicamente.

Quienes padecen de este síndrome y/o a quienes tienen familiares y amigos con éste, es fundamental que se acerquen a los centros de salud locales, los cuales ofrecen asesoramiento en relación al tema y pueden ayudarles a solucionar esta situación.