Articulista invitado

¿Trump, mentiras por votos? Sí, pero eso es lo de menos…

Umberto Eco apuntaba que durante los procesos electorales los candidatos tienden a manifestar cierto delirio de omnipotencia, declarándose capaces de cumplir sus promesas de campaña por inalcanzables que sean. En febrero de este año la muerte sorprendió a Eco, así que el magnífico escritor italiano no alcanzó a atestiguar los descomunales niveles de falsedad, agravio, infamia e ignominia que se aglutinan en la personalidad de Donald Trump, el aspirante republicano a la Casa Blanca.

Eco habría dicho que Trump caracterizaría muy bien un personaje literario, un ente repugnante y ficticio de una novela fantasmagórica, o la ridícula caricatura en un reality show decadente, pero también habría advertido que la posibilidad real de que Trump llegue a la presidencia de Estados Unidos tendría consecuencias económicas, políticas y sociales muy serias y aterradoras.

La cantidad de mentiras que ha dicho Trump a cambio de ganar votos ha sido de antología, y sus expresiones denigrantes sobre México, los mexicanos y el resto de los latinos solo evidencian su profunda ignorancia y su indeleble esencia racista. Desconoce que hay un gran número de connotados mexicanos que laboran exitosamente en diversas áreas de la sociedad norteamericana: científicos, músicos, astronautas, médicos, cineastas, arquitectos, escritores y juristas, entre otros. También ignora que muchos mexicanos y latinos están engrosando las filas del ejército estadunidense, y menosprecia que varios de ellos hayan pagado con sus vidas la defensa de los ideales e intereses de la Unión Americana.

Algunos de los mejores mexicanos y latinos se han ido a radicar en Estados Unidos; aquellos que están colmados de ansias por progresar económicamente gracias al esfuerzo honesto e incansable de su trabajo, aquellos con inquebrantable valor para dejar sus hogares a cambio de perseguir sus sueños... Ellos son una muestra de lo mejor que tiene nuestra gente, y ellos han contribuido a la grandeza y prosperidad de Norteamérica en áreas fundamentales como la agrícola y la de la construcción.

Considerando que México es el tercer socio comercial más importante de Estados Unidos —solo detrás de China y Canadá—, de ganar las elecciones, la visión proteccionista de Trump muy probablemente dañaría nuestra economía, pero esa es la visión parcial que justamente él tiene y promueve, y que impide concebir la relación entre ambos países como la integración de cadenas productivas que agregan valor a productos y servicios que se comercializan en todo el mundo. En este entendido, es igualmente relevante saber que la economía de Estados Unidos sufriría impactos negativos, pues México es el segundo destino en importancia para sus exportaciones; solo en 2015 éstas totalizaron 235 mil millones de dólares, y se estima que cerca de 5 millones de empleos en ese país dependen del comercio con México.

Es previsible que, en el corto plazo, los sectores más afectados serían el automotriz, el de cómputo, semiconductores, eléctrico, electrónico y otras manufacturas, donde paradójicamente las empresas norteamericanas serían las que sufrirían el mayor impacto. Como efecto colateral, las economías de Arizona, California y especialmente Texas también se verían seriamente dañadas. Además, si Trump retuviera una parte de las remesas, la situación se agravaría aún más si el gobierno mexicano tuviese que imponer una retención sobre las regalías de las empresas estadunidenses como represalia. Un escenario de confrontación económica y comercial a nadie beneficiaría.

En el largo plazo, y dada la profunda y compleja integración productiva de ambos países, los efectos negativos pueden extenderse a muchos otros sectores, incluso a los menos relacionados con el comercio (como la construcción, por ejemplo). Solo como referencia, se puede mencionar que de 2007 a la fecha la inversión extranjera directa de México en Estados Unidos prácticamente se ha duplicado, y los negocios que son financiados con estas inversiones en Estados Unidos emplean a más de 123 mil personas a lo largo de los 50 estados de esa nación.

Asimismo, las inversiones de empresas estadunidenses en México están asociadas con mejores resultados en ese país. Un estudio estima que un incremento promedio de 10 por ciento en el empleo de las empresas estadunidenses en sus operaciones en México está asociado con un crecimiento de 1.3 por ciento en la fuerza laboral en Estados Unidos, 1.7 por ciento en las exportaciones estadunidenses, y 4.1 por ciento en inversión en investigación y diseño. Esta integración y estos resultados son los que debemos considerar al juzgar la relación entre ambos países.

Pero lo que está en juego con el proceso electoral de Estados Unidos va mucho más allá de la "construcción del muro", de las mentiras, insultos, injurias o improperios de Trump; más allá incluso de los efectos económicos negativos globales o de las acciones contra el Obamacare. Hay un riesgo mucho más profundo, el riesgo histórico de retroceder a las etapas más lúgubres del siglo XX, a la exacerbación de los sentimientos xenofóbicos, a la confrontación bélica a diestra y siniestra, al debilitamiento y sustitución del diálogo diplomático por posiciones unilaterales intransigentes de poder. Un riesgo aún más temido que el triunfo de Trump es que esa chispa detone un nacionalismo de tipo fascista en la Unión Americana y que después se propague a otros países, ese fascismo que con tanta agudeza y claridad describía Umberto Eco.

*Ex secretario de Economía en el sexenio de Felipe Calderón