La letra desobediente

Mi secuestro

El viernes me secuestraron. Un hombre se hizo pasar de Poza Rica, a una hora de Tuxpan, donde nací. Le creí. Dijo admirar mi trabajo, mi libro de Paz, Los nombres del arco iris, mis columnas del diario. Mi tema constante de los derechos humanos. Me pidió un libro y decidí dárselo. Lo cité en el Vips de Echegaray. Tomamos horchata y jamaica. Después me dijo que fuéramos a otro lado. Acepté. Fuimos a un Walmart  y compró unas piñas con alcohol. Yo me di cuenta después. Pasamos a un hotel con barra para tomar. No sé que le echó a la bebida porque desde entonces perdí el conocimiento.

De repente estaban mis dos hermanos, mi amiga Raquel Pequero, mi gran amigo Alejandro Reza y todos me veían mal, somnoliento, perdido, casi dormido por las drogas que me dieron, estaba en trance, pero aun así escuchaba voces y hacia impulsos por pararme, sin resultado. Luego supe que mi carro estaba destrozado, chocado, ni si quiera sé por qué o cómo. En la madrugada mis hermanos llamaron al seguro y en Naucalpan querían sacar dinero a como diera lugar. Dinero sin impuesto, la corrupción. Una noche larga, tensa, tortuosa, como jamás había vivido.

El auto se quedó en la delegación de Naucalpan y me trajeron a casa. Guillermo se vino de Tijuana preocupado por lo que pasaba. Despertaron a Adriana Malvido para corroborar mi nombre. Era tal mi descomposición vocal que no me identificaba, hasta que dije el nombre clave que usamos como amigos: Malvis. Ahí ella se mostró en la gran amiga y hermana que sabe ser. Lo mismo Enrique.

Me pegaron con una pistola en el ojo, por fortuna no fue en la retina. Claro, lo tengo como un hematoma de riesgo, pero hasta ahí. Escribo esto con dificultades porque no distingo las letras. Mi afán de reportero no me deja en dar fe de las injusticias en este país que amo y odio. Ahora voy a ver lo de mi seguro del auto a negociar el dinero que quiere la delegación de Naucalpan, sin impuestos, por seguro. No me importa, quiero la devolución de mi tranquilidad.

Cuidado con las redes sociales. No crean nada. No hagan caso de nada. Todo es una mentira. Mírenme a mí, caí como un corderito en mi vanidad, pensando que alguien me admiraba. No es cierto. Mi madre decía: “No todo lo que brilla es oro”. Eso, todo es coro y debemos aprender a vivir con coro, y decoro. Pero eso sí les digo, ese secuestrador debe ser aprehendido. La impunidad no debe ser sinónimo de normalidad.

 

Twitter: @Braulio_Peralta