La letra desobediente

De poetas…

Los vi aparecer en los límites con la frontera de Estados Unidos, allá, en Nuevo Laredo, Tamaulipas. La cara sonriente de los dos no mostraba el cansancio del viaje, desde Austin, Texas. Eran invitados de honor a la nueva Biblioteca que lleva el nombre de Octavio Paz, su amigo, su aliado, su cómplice en la poesía. Alfredo Arcos, director de Arte y Cultura hace las presentaciones. La jiribilla con la que saludan y comunican a los demás hace la tarde eléctrica, chispeante, lúdica. Paz cumplía 101 años el 31 de marzo y estábamos allí para recordarlo.

Ida Vitale pasa los 90 y Enrique Fierro, los 70. Son pareja desde hace 50 años. Parecen los más jóvenes de todos los presentes. Personajes literarios a pesar de sí mismos. Son poetas, comprobadamente vanguardistas y únicos. No parece importarles el futuro, salvo el instante de vida con el que se aferran a la risa. Contagian alegría. El sarcasmo se asoma cuando aparece la política. Pero cuando observan la Biblioteca Octavio Paz no dudan en el gusto por ver los libros, las áreas infantiles, las computadoras al servicio de una colonia de escasos recursos, antes, una zona considerada peligrosa por el narcotráfico. Se lograron aquietar las aguas, nos dice el Primer Síndico, Antonio Martínez, que donó gran parte de sus libros.

Si estuviera José María Espinasa reiría con nosotros ante el alud de historias que los poetas cuentan arrebatándose la palabra. Se complementan. Pasan lista y anécdotas de Cortázar, García Márquez, Borges, Onetti, Fuentes, Bioy Casares, Elena Garro, Octavio Paz y Marie José Paz. Una memoria viva los envuelve sin nostalgia, con el presente como manual de vida. La fenomenología del relajo intelectual se hizo una presencia sana entre los presentes. No hubo discurso para la envidia ni el veneno. La risa como sanación del inconsciente freudiano. Qué ganas de grabar la vivacidad de dos seres que viven a tope la vejez que los acompaña y una obra realizada, desde luego.

Observan el poema de “Árbol adentro”, de Paz, en una placa de hierro, justo frente a un fresno. Se miran uno al otro. Entre ellos no necesitan hablar. Ella corre a ver los grabados de José Luis Cuevas en la estancia de la biblioteca, justo cuando el Presidente Municipal, Carlos Canturosas, termina su discurso inaugural en la Biblioteca ubicada entre las calles de Emiliano Zapata y Venustiano Carranza.

Un gusto estar y ser testigo.

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