La letra desobediente

Los motos

El hombre aprendió primero el prejuicio y después a vivir. La mirada delata a gente de escaso pensamiento libertario. Como si tener los ojos rojos fuera sinónimo de enfermedad, no dilatación de pupilas por expansión de emociones sensoriales que permiten platicar con la naturaleza, sin razón de por medio: eso es el efecto de la mota.

La mariguana es una droga natural. No interviene la química como en la cerveza, el cigarro, las medicinas o drogas duras que el narcotráfico ha corrompido, creando una industria próspera donde el lavado de dinero es su parte más sofisticada. La mota la tienen secuestrada en una clasificación lejos de sus beneficios.

La mota pertenece al terreno de la naturaleza, como el ser humano. Fumarla es un asunto personal y una decisión fuera del alcance donde lo público todo lo corrompe. La moral mal entendida no cabe en una aspiración al fumar mota. Fumarla es un placer, genial, sensual...

No soy moto. Escasas veces la he ingerido. Una vez por accidente en una fiesta me comí un pedazo de pastel y el viaje fue estrepitoso. Despertar me llevó horas y la angustia atravesó la conciencia. Mi sistema digestivo, nervioso y cardiaco estaban al cien. El cuerpo es otro en un viaje con mota. Experiencia inolvidable. Pero nunca más, pensé...

La fumé con conciencia este año. Una galleta con mota me llevó a una toma de conciencia mejor que ir a psicoanálisis o a encontrar la madurez con el paso de los años. La mota tiene la ductilidad de abrirnos en canal y decirnos cómo se encuentra nuestro estado anímico.

Claro, sin inteligencia ni el mejor viaje ayuda a ser mejores personas, libres de prejuicios. Hablo del uso terapéutico de la mota. Existe y es sano. Como un viaje de hongos alucinógenos, otra droga natural prohibida. Ningún químico natural debería ser prohibido. Punto.

Ojalá aprendamos en este debate a lograr ese grado de razón que nos permita sacar a la mota de esa industria mortal con que el narcotráfico se beneficia. Ojalá los campesinos puedan sembrarla sin ocultamientos y ganar ingresos honrosos en vez de una industria ilegal peligrosa.

Basta de hipocresías, de tantas mentiras en torno a los que fuman mota, lejos del negocio ilícito de unos cuantos. Basta de que la ciencia no explique a los iletrados que la mota es un asunto de salud mental, que cura muchas enfermedades de forma natural y no mata a nadie.

Gracias, ministro Zaldívar.

Twitter: @Braulio_Peralta