La letra desobediente

Soy gay, ¿y qué?

Ya no voy a las marchas de gays y lesbianas: no me identifico con esa fiesta interminable donde lo que destaca es el vestido del travesti para una prensa todavía incapaz de ver a fondo la diversidad sexual de la que se viene escribiendo en las últimas décadas. O de organizadores incapaces de aglutinar todas las diferencias políticas.

Lamento la división que existe en el movimiento homosexual. Parecen muchas tendencias cuando la verdad solo hay una demanda: respeto a los derechos humanos de las minorías sexuales.  No tenemos un solo rostro, un líder aceptado por todos, al menos una persona cuerda que pueda pelear por nuestros derechos con los políticos, con la aceptación de toda la comunidad gay de México. Pero sí hay algunos listillos que se apropian la voz del movimiento. Ojo: por eso la izquierda se confunde.

Han sido los homofílicos —y algunos hombres y mujeres gay, excepcionales— los que han logrado sacar adelante proyectos de reivindicación, no por la presión del movimiento, no, aunque choque. Los tiempos en Occidente nos están alcanzando a escala mundial y es correcto dar derechos iguales a hombres y mujeres, sin importar sus sexualidades. La corriente pro gay viene tan fuerte que hasta la Iglesia católica empieza a asumir sus errores históricos al denunciar, por ejemplo, a la pederastia en su seno eclesiástico. Curas que han hecho de las suyas sin juez civil. Ya basta.

Seré franco y diré que me resulta complicado traducir las siglas LGBTTI —lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, travestis e intersexuales. Eso, cuando incluso homosexuales o lesbianas asumieron el término gay para definirse en los 70: palabra que se instauró en la sociedad, sin especificar diferencias entre unos y otros. Con tantas siglas la gente se atolondra. Gay es un género; el resto de las formas de ser, un estilo. A nadie se discrimina con decirle gay, ¿o sí?

No iré a la marcha, pero apoyo al movimiento: pertenezco a él. ¡Vivan las vestidas y los que cambiaron de sexo! ¡Vivan los bisexuales si son felices con su doble personalidad! ¡Arriba la isla de Lesbos, esas mujeres, guerreras como los hombres! ¡Bien por los intersexuales que antes se conocieran como hermafroditas! Celebro la diversidad, pero me gusta lo clásico: Gay es un concepto nacido con la historia del movimiento, desde los 70: me quedo con la palabra que nos identifica.

Soy gay, ¿y qué?

http://twitter.com/Braulio_Peralta