La letra desobediente

Estrés postraumático

Los sismos nos han dejado exhaustos, en angustia colectiva, en un estrés postraumático, inertes y en expectativa. Traumados, vemos la catártica tragedia de quienes quedaron atrapados entre los escombros, cuando los jóvenes —y esos perros adorados— intentan rescatarlos, con o sin vida.

Pero hay una certeza: nada será igual aunque parece lo mismo. Que en septiembre tiemble —igual que en el cuento de Juan Rulfo, “El día del derrumbe”—, no quiere decir que las autoridades nos verán nuevamente la cara. Ya no. Esos jóvenes de hoy son una esperanza, una posibilidad de cambio. Un renacer de la sociedad que se organiza.

Los temblores en buena parte del país, del sur y el centro, hasta el norte, no solo en CdMx, marcan enorme diferencia en la toma de conciencia de lo que vendrá de ahora en adelante. Que esa masa anónima ande como un puño entre las piedras buscando la respiración de algunos sobrevivientes significa un cambio democrático, a profundidad.

Los sismos han despertado en nosotros la capacidad de sobrevivencia humana. Pero también de conciencia colectiva y organizativa. Eso no debemos olvidarlo nunca. Hay un dolor enorme en el pecho, sí, una angustia guardada que explota al escribir lo solos que estamos —aunque seamos multitud—, luchando contra esa naturaleza que da y quita, sí, pero también con aquello que se nos ha negado: la participación política para acabar con lo peor de los gobernantes.

Ya nada será igual en las elecciones de 2018. Lo veremos antes de junio. Esa sociedad civil que se organiza en las calles, de allí, aparecerá el nuevo rostro de la política. Pasó en 68, en 85, en 88. No tiene porque no repetirse en 2017. Pasando el estrés postraumático vendrá la calma y con ello los cambios que el país urge incorporar a su vida democrática. Aún es tiempo de que los partidos políticos, los gobernadores, diputados y senadores de esta época no queden como vejestorios de un México que ya nadie quiere.

Ojalá también los intelectuales despierten de su cómodo pensar, porque se siente la ausencia independiente del poder, de los grupos y de los intereses personales. Hoy no basta con pensar. Hay mucho más por hacer.

Igual es un deseo, un sueño más de los despertares de México. Pero, carajo, algo tiene que surgir.


TRASPIÉ: Todos tenemos el derecho de escribir lo que nos dé la gana. Escribir incluso prosa poética ante el sismo. No son momentos para la crítica literaria. Menos de envidias o frustraciones. Que el temblor se encargue de poner a cada quien donde corresponda. Y ya, me callo.