La letra desobediente

"Negotiator"

Presenciamos uno de los sucesos históricos más relevantes para el desarrollo futuro de los mexicanos: sin educación, sin diplomacia, sin formas de respeto y convivencia, Donald Trump utilizó el lenguaje más soez de la política internacional. Los hechos y sus palabras lo hacen racista e imperialista (o, como le gustaría a Octavio Paz, hegemonista, porque imperial es la antigua Unión Soviética, hoy Rusia, decía). Uno se asombra de que, amable y simpático, Carlos Slim venga a decirnos que Trump “no es Terminator, es Negotiator”. Gracias. Un espejo habla de otro.

Cuidado. Los negociadores no reconocen patria, salvo el lucro. Cuidado. Las guerras generan riquezas, y hoy que se hacen fortunas en los negocios, éstos son una guerra. Trump quiere todo para Estados Unidos y sus empresas. Cuidado. No estamos bailando el mismo son. El I Ching recomendaría retirarse un paso —sin lentitud— para pros y contras frente al Negotiator. Las bilis no son buenas consejeras. Éxito o fracaso dependen de la capacidad mental —y agilidad— para negociar.

Donald Trump parece copia del presidente demócrata James Polk, el que declaró la guerra a México en 1846 y se anexó la mitad del territorio mexicano. El mismo que le arrebató Oregon a Inglaterra. Trump no ha declarado ninguna ofensiva militar contra México pero, como buen Negotiator, con el poder de su firma intenta amedrentar a una nación, azuzando a mexicanos migrantes, millones, para debilitarnos emocionalmente. Primer paso. ¿Exagero? Sí, porque no estamos en 1846. México es otro. Pero las acciones de Trump son prueba de lo que suscribo. Es lo que importa. Ése es el peligro…

Slim lo ve como un negociante rudo, como él mismo, que se ganó el privilegio de la clase política mexicana de Salinas de Gortari para acá, lo que lo ha llevado a ser uno de los hombres más ricos del planeta. Como Trump. Es normal que lo vea como su igual. Pero México, no. No mientras la realidad diga lo contrario. Slim, que se vio con Trump primero que el presidente de México (dato que no debe omitirse en la biografía del empresario). Hacernos simpático al Negotiator es, cuando menos, delicado. Eso, cuando Trump ha empleado un lenguaje digno de la peor historia contemporánea que hayamos visto jamás.

Tiempos difíciles. En los negocios se actúa con prontitud. Trump sigue adelante y sigue sin verse a las claras el rumbo que tomará el gobierno mexicano. Slim aprovechó las omisiones del gobierno y llenó el hueco… Menos mal que, dice, no quiere ser presidente.