La letra desobediente

La demanda

La semana pasada terminaba con la pregunta de si Carmen Aristegui demandaría a Multivisión. Hoy todo indica que así será. No es la primera vez que los periodistas demandan.

Hay innumerables denuncias en prácticamente todos los medios de comunicación, de derecha, de centro o de izquierda. De Televisa a Proceso y La Jornada. Los nombres son muchos. Pero es la primera vez que lo de Carmen repercute en la sociedad como si fuera única ocasión.

Los resultados son diferentes en cada caso. Pero hay una realidad que lastima a los demandantes: ganan los juicios después de años de lucha con abogados y empresa, en lo general, pero pierden la posibilidad de seguir trabajando en otros medios que, cautos de que les hagan lo mismo, ya no contratan a esos profesionales. Son, cuando más, colaboradores, pero nunca más de planta con derechos laborales. Es una ley no escrita en medios de comunicación, sí, pero también en empresas de otra índole.

Argumentos de censura hay miles. Un periodista que ejerce su profesión busca el medio que más se adhiere a su forma de pensamiento, o corre el riesgo de estar en el lugar equivocado. Y aun cuando trabaja en concordancia con su medio, aun así, suele darse ruptura. Insisto, no es diferente a cualquier otro trabajo: el mundo se basa en corresponsabilidad de empleado y empleador. No son tiempos de esclavitud, no, pero el hilo se rompe por lo más delgado. Eso pasó con Aristegui que, insisto, le faltó cordura y asomó soberbia.

No dudo en los bajos fondos de esta historia. No dudo que el gobierno pudo participar en el asunto, de manera aun no comprobada, pero posible. Ni siquiera dudo que Carmen Aristegui tiene razón en su defensa de la libertad de expresión. Pero nadie puede negar la ingenuidad del planteamiento, salvo que no exista experiencia en la larga lucha por la democracia en los medios de comunicación.

No hablo de oídas, sino de conocimiento de causa de mis salidas laborales de El día (defensa de la cooperativa), Unomásuno (diferencias empresariales) y La Jornada (vil y canalla censura por políticas sobre la información de Euzkadi), y lo que siga.

Si demanda, suerte. Sus abogados deben advertirle las consecuencias posibles: ir a la baja. Si sale librada, mis respetos porque es la esperanza de un país que cambia. Si no, será como los casos anteriores, incluidos los de Proceso, que da voz a ella y calla las demandas propias.

Twitter: @Braulio_Peralta