La letra desobediente

El chayote

A Jorge Ramos

Aprender el oficio: viajar a Acapulco a “cubrir” al presidente José López Portillo…

—No te preocupes: al rato te pasamos el boletín. Ve y descansa en la alberca, tranquilo…

De regreso, con el boletín en mano, el joven reportero vio que repartían “sobres”. Nervios. Alguien le dijo: “¿No vas a ir con Galindo?”. “No”, balbuceó. “Allá tú: de todas formas alguien se queda con el chayote”.

Fue la única vez que cubrió “la fuente”. Otro jefe de información del diario —Jorge Coo— se ocupó de enviar al joven a coberturas irrelevantes hasta relegarlo a la realización de un noticiero para el Metro de la Ciudad de México y las guardias nocturnas. Sus últimos días laborales los pasó en la sección internacional —del gran jefe, Jorge Aymami—, redactando noticias del mundo.

¿Cómo puede un reportero joven con ilusiones hacer carrera en medios de comunicación cerrados a la libertad en el quehacer nacional? ¿Qué debe hacerse para realizar un oficio maravilloso donde la vida palpita a cada rato y pide que las palabras lo expresen? ¿Cuándo la oportunidad de un reportero en sus aspiraciones legítimas de denunciar que los diarios no están construyendo ideas ni lectores, que más bien se burocratiza el oficio en la cobertura de las instituciones, sin salirse del esquema gubernamental? El joven empezaba a confundirse con tanta mentira con apenas tres años laborales.

El Día era una cooperativa. El joven se hizo cooperativista. Pero el dueño, el jefe, era Enrique Ramírez y Ramírez, de izquierda pero amigo de Fidel Velázquez, de diputados, de priistas de abolengo —fue íntimo de Vicente Lombardo Toledano—. Había para entonces una consentida: “la señorita Socorro Díaz”. La sucesora a la muerte del hombre que había registrado el periódico a su nombre. ¿Cuál cooperativa? Lo escribe la periodista Paz Muñoz:

“No le des vueltas. El verdadero apoyo con el que contó Socorro Díaz fue el sistema. Un sistema al que hay que entender, o te chingas… Le dieron toda la cuerda del mundo. Así que ni Javier Romero ni Jorge Aymamí eran bien vistos por el poder.”

Socorro Díaz fue la preferida para suplir a Enrique Ramírez y Ramírez. Con su ascensión, 30 renuncias a la cooperativa, entre ellas la del joven que, ingenuo, corroboraba  que el diario era del erario nacional. “Nunca más”, dijo.

Se equivocó: siguió por otros rumbos, dando tumbos.

Aquel 1981 no es 2015. ¿O sí…?

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