La letra desobediente

Los chapos...

Mazatlán arrancó su fiesta del Carnaval la noche del viernes. Pocos sabían que esa misma noche y la madrugada del sábado preparaban el operativo para la detención de El Chapito —como la gente de Sinaloa se refiere al narcotraficante más buscado del planeta—. Aquella noche, en el Teatro Ángela Peralta, el alcalde Carlos Eduardo Felton entregaba el Premio Mazatlán de Literatura a Rafael Pérez Gay por su novela El cerebro de mi hermano. Y Susana Zabaleta cantaba pésimo la zarzuela: El evento parecía una ópera bufa que presagiaba la noticia que le daría la vuelta al mundo…

Solo privilegiados sabían que la Marina coordinaba el golpe en el instante que se bailaba en el teatro “Amor de hombre”. Amanecimos estupefactos el sábado al saber que El Chapo estaba a unos pasos de nosotros y ni las autoridades de Sinaloa lo intuían, salvo la Marina, la DEA y el presidente Enrique Peña Nieto, junto al mandatario Obama: un balazo inteligente en la memoria del periodismo nacional y extranjero.

Destruir en privado lo ilícito y elogiar en lo público lo legal, parecía la premisa de la enmienda presidencial. Y un carnaval y su fiesta inicial, mientras el cerco policiaco de fuerzas de seguridad, agazapadas en la luz de la Luna, termina con 13 años en libertad de Joaquín Guzmán: lo que Vicente Fox liberó en su periodo presidencial, Enrique Peña Nieto lo apresa por segunda ocasión, al parecer esta vez para siempre.

El silencio de la mañana del sábado en Mazatlán era viso claro de que todo había sucedido sin balas, sin helicópteros y sin Ejército nacional. Todavía andábamos festejando al galardonado por un libro donde la hermandad va por encima de cualesquier diferencias: Si así fuera el país…

Las redes sociales vomitaban la noticia. La DEA confirmaba. Rumores de que estaba sitiado el 608 de la calle Miramar, la última guarida del capo que autoridades presentaban en paños, con leves golpes. No era el poderoso hombre de negocios de las drogas; más bien, un tigre agazapado en la trampa de un sistema judicial. Terminaba el a salto de mata, sin tiros: A El Chapo ni siquiera le dieron oportunidad de tomar su cuerno de chivo.

Dejar el puerto el día de la captura, con sentencias como ésta: “Nada pasará en Mazatlán. Los Chapos no hacen daño a la gente, apoyan a la ciudadanía. No son como los zetas y templarios…”

Una ópera bufa en primera fila. Gracias Juan José.

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