La letra desobediente

Arte para entendidos

Antes de que la Semana Cultural Gay la inaugurara José María Covarrubias en el Museo Universitario del Chopo hace 30 años, ya existían artistas plásticos que difundían con su obra el arte con tema gay: Manuel Rodríguez Lozano y sus chacales, Juan Soriano y  retratos íntimos de sus amantes, los gallos como falos de Chucho Reyes Ferreira, la dualidad en Frida Kahlo, la obra Los espiritifláuticos de Antonio Ruiz, El Corcito y, sin querer, hasta el machín de José Guadalupe Posada con su caricatura de los 41, esos chulos y coquetones de 1901, o Los anales de Orozco; ni se diga el retrato de Rivera a Novo. El arte no tiene sexo, tiene tema. No hay arte gay, hay arte. Homofobia y homofilia, coexisten.

Sin embargo, con José María Covarrubias se dio la patente al tema lésbico-gay en el arte y se incorporaron las presencias de Nahum B. Zenil, Reynaldo Velázquez Zebadúa, Yolanda Andrade, Maritza López, Agustín Martínez Castro y un largo etcétera, en el que hay que incluir heterosexuales que entraron a exposiciones de esos 30 años: Francisco Toledo, Vicente Rojo, Magú, Rogelio Cuéllar, entre otros. Se antoja una retrospectiva con espíritu crítico.

Es la importancia de la Semana Cultural Gay que ha cambiado la visión sobre prejuicios a una forma sexual de vida, hoy respaldada por la Constitución, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la defensa de instituciones a sus derechos humanos. Que existan reticencias legales a esos derechos es una lucha vigente. Esos 30 años de lucha independiente por la diversidad sexual es insólito en el México machista. Por eso es loable la continuidad de ese proyecto cultural en manos de Salvador Irys y su pequeño equipo para festejar esos años de visibilidad. Es justo mencionar a la UNAM —y su sede, El Chopo—, como la primera institución pública que abrió ese espacio para la comunidad sexual minoritaria. Aplausote.

No todo lo expuesto en esas muestras es bueno. No. Hay montón de arte olvidado: así de cruel es el tiempo en las definiciones estilísticas y la crítica sobre lo que trasciende o desaparece. Pero no deja de ser importante la permanencia de un evento que anualmente trae el tema lésbico-gay como sustento.

Gracias a Covarrubias y a Salvador Irys.


TRASPIÉ: Me preguntaron sobre los seis meses de María Cristina García Zepeda a cargo de la Secretaría de Cultura. Con sinceridad dije que tan extraordinaria persona y administradora del arte —de larga y eficaz trayectoria— no merecería nadar de a muertito, de aquí al final del sexenio. Merece cerrar mejor su mandato. Ojalá.

Ni modo. Se me salió.