La letra desobediente

Arte y narcotráfico, parecidos

Admiro el trabajo conceptual de Rosa María Robles, que apenas en marzo tuvo que cancelar una exposición en Culiacán, por amenazas del narco. La entrevisté. He aquí una pequeña parte:

—El mercado del arte es como el negocio del narcotráfico: si te metes en él lo mejor es estar preparado para negociar, pues, si no haces bien tu trabajo, te desaparecen del mapa. Lo que no implica que no desee abandonar para siempre este paraje inhóspito y paradójicamente creativo para mí, en el que pareciera cumplo una condena —como personaje de Pedro Páramo—, caminando y hablando entre muertos nuevos, sin rostro, inexistentes pero tan productivos para el statu quo.

Se demarca de Teresa Margolles:

—Una de las diferencias con Teresa Margolles, por ejemplo somos casi de la misma generación, nacidas en Culiacán, es que en mi caso produzco en las artes visuales y lo hago desde el infierno —no fuera de él—. No es lo mismo llegar a ciudades del norte de México, marcadas por la violencia que genera el narcotráfico, recoger evidencias y vestigios de actos violentos y de crímenes, transportarlos por cielo, mar o tierra a la Ciudad de México —o hasta Europa—, montar con esos vestigios una o varias instalaciones en los espacios culturales de vanguardia, y recibir el aplauso de la crítica especializada por tan inteligente y valiente reinterpretación de una realidad brutal y devastadora, a tener que cancelar una exposición en un espacio sensacional y abandonado, clave del mundo subterráneo del narcomenudeo —como hay muchos otros—, debido a amenazas directas, que ponen en riesgo mi vida y la de mis colaboradores, así como la seguridad de mi obra.

De otras generaciones de artistas, dice:

—Artistas conceptuales 15 años menores que yo, que vienen trabajando con rigor, cuestionando el tan mencionado mercado del arte, así como el valor del dinero, pero presentes siempre en las ferias de arte contemporáneo más exitosas, galerías de arte de moda, haciendo todo lo que tienen que hacer para pertenecer a las más importantes colecciones de arte público y privado para, finalmente, ganar que sus obras se coticen y entren al mercado, al que en un principio cuestionaban. Me siento alejada de los creadores visuales instalados en la búsqueda de la fama, el dinero y la felicidad perpetua.

Rosa María Robles sería un éxito sin parangón en el extranjero. ¿Dónde están las instituciones culturales que apoyen a esta artista? ¿Esperan que muera? Ojalá no, porque sacudir conciencias es, justo, el emblema del arte. Apoyemos a artistas que interpretan la realidad sin concesiones.