La letra desobediente

Un ángel gay

Yolanda Andrade no toma fotografías, busca historias con sus imágenes. No trabaja con obturador: es su ojo experto el que capta detrás del clic. Es un lince con el retrato, sin poses, ocasional, de repente en la luz. Ella convence con su sonrisa y la aparente ingenuidad con la que se presenta: la gente acepta sus flashazos. Uno cae en su mirada. Se le da el blanco y negro  o color como nostalgia y soledad, o simple alegría. Es tabasqueña y uno se confunde con ella porque tiene el don del mimetismo: Es fácil caer bajo sus cejas.

Con cámara análoga o digital capta lo mejor de las calles de México y otras partes del mundo. Es común verla en las manifestaciones populares, sindicales, de mujeres, o en las marchas de gays y lesbianas. Tiene un toque particular con sus fotos porque sus personajes son pícaros, irónicos, divertidos —a pesar de representar una tragedia: el abismo de los días. Gente que ya sabe vivir —porque ya fue y vino, o eso pareciera uno ver en sus inmortales...

Juan Carlos Bautista —el poeta del Cantar del Marraquech—, ni siquiera imaginó que desfilando en la marcha del orgullo gay hace algunos ayeres se convertiría en símbolo para anunciar la exposición “El hombre al desnudo”, que puede verse en el Museo Nacional de Arte, el Munal. Despierta la foto tal interés en la imaginería colectiva —gay y homofílica—, que se hacen una selfie en el plotter alusivo a la salida de la muestra, al igual que la de los franceses, Pierre et Gilles  con su clásico, Mercurio.

Las alas del deseo llama a su foto Yolanda Andrade. Es arrolladoramente ingenua, graciosa, infantil, sin perversión de ese  ángel desnudo, con alas. De cuerpo entero y con la mano en el corazón, Juan Carlos Bautista reposa su brazo en el poste y sonríe hacia el horizonte, sin mirarnos siquiera. Un aro corona su cabeza y una mariposa cubre su miembro. Parece el ángel caído del cielo que Dios lanzó a la Tierra, pero no: sus alas llevan los colores de la banda nacional. Es hecho en México.

Una foto dice más que mil palabras, y es verdad con esta imagen. Representa a los manifestantes gays que luchan por sus derechos humanos desde los 80, sin esconderse. ¿Los gays estamos de moda? No, solo que ya somos visibles y opinamos sin estar en el clóset. La Andrade tiene esa eficacia en el iris: no necesita de un discurso político para decir que estamos en todas partes.

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