La letra desobediente

Wörner Baz

¿Te acuerdas, Juan? Yo apenas despuntaba los 18 y tú ya eras un profesional: un arquitecto que trabajaba en el antiguo Hotel de México, hoy World Trade Center. Íbamos los domingos a tu albergue de la Segunda Cerrada de Cabrio 38, cerca de donde pasaba el ferrocarril a Cuernavaca, allá por San Ángel Inn. No faltaban el queso, pan, vino y amistades que pretendían girar el adverso mundo, ahí donde los derechos civiles de los gays son vedados. Y tú, solidario, abrías el espacio para “la revolución” del grupo Sex-Pol.

¿A quién le importa todo aquello, querido amigo? Nacido el 14 de octubre de 1928, de una familia de pintores, escultores y poetas (tu madre, María de la Soledad Baz, tus tíos, Emilio Baz Viaud y Ben Hur Baz, y tu queridísima hermana, Marysole Wörner Baz, que juntos expusieron en el Museo de Arte Moderno bajo el título de “Herencia y Creación”, cuando lo dirigía Teresa del Conde). La memoria es ingrata. No alcanzamos a ver el presente del hoy pasado. Ni la importancia de personas con ética que buscan transformar un inhóspito universo donde al ser humano la sociedad le cobra caro el derecho a escoger su preferencia sexual.

¿Recuerdas esos mediodías de sol, aprendiendo contigo a dibujar con sanguinas, papel fabriano y la risa de nuestros intentos? Tú, arquitecto de tu destino, enseñando a unos ignorantes historia del arte para ver si a través de la sensibilidad a la cultura abríamos nuestro pensamiento y así cambiar la adversidad por democracia para todos. Fue ahí, en tu casa, donde inventamos la semana cultural gay, antecedente de lo que serían los eventos anuales del Museo Universitario del Chopo. Ya era tu pareja Guillermo Portela, quien caminó contigo por 37 años…

¿Te acuerdas cómo discutíamos sobre la izquierda y la derecha? Hay una pintura tuya en la que estaban la bandera de la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos. Las dos hegemonías disputándose el poder. ¡Qué manera de confrontar tenías! La misma que tuviste hasta el final para preservar hasta la última piedra del Hotel El Campanario, en Toluca, tu último proyecto arquitectónico. Nos dejaste el 11 de enero de 2014, casi sin avisar, cabrón: ¡ya nos las pagarás!... Te vamos a extrañar. Pero te prometo que seguiremos buscando que Alonso Hernández —en su página de Facebook— escriba tu historia entre los mejores ejemplos del movimiento gay en México. ¡Descansa!

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