La letra desobediente

Voto nulo

Escribo sin saber el resultado del voto nulo que, presupongo, no llegará ni a uno por ciento del electorado. Una manifestación más del ego democrático, del ejercicio de liderazgo de algunos intelectuales indignados por la situación del país. No se puede cambiar el rostro del país sin ideas y sin programa, anulando. El anulismo reflejó esas ideas confusas que no llevan a ninguna parte. Ojalá hayamos aprendido la lección.

Inconcebible que mentes brillantes hayan caído en el anulismo cuando saben que eso beneficia al partido en el poder, el PRI, al que tanto detestan. Las redes sociales vivieron en libertad el ejercicio de discutir las votaciones. Pocos iban por el voto nulo. Eran más los que decidían ir a las urnas, por una opción, la que fuera (y uno que otro abstencionista que cómodamente critica sin participación ciudadana).

Fue una izquierda decepcionada la que impulsó el voto nulo. Incomprensible. En todo el mundo la izquierda avanza lentamente, no es privacidad de México. Va contracorriente. Sí, hay gente  corrupta en la izquierda, sabemos quiénes son: hay que anularlos a ellos, no a la democracia. Corruptos hay en todas las tendencias políticas, sin exclusividad de la izquierda. La democracia igualmente es un proceso evolutivo: es para avanzar o estancarse. México superó ese estancamiento con la llegada de Fox y Calderón, aunque nos pese a algunos. Democracia es poder cambiar a un gobierno. Lo logramos. No es poco.

El voto nulo estanca un proceso, lo ralentiza. Las candidaturas independientes, no. Los independientes de partidos son una opción importante a futuro en nuestra incipiente democracia. Ojalá El Bronco gane en Nuevo León y el futuro tenga otras alternativas. Ojalá haya muchos Broncos que se animen sin partido político, esa es la alternativa ciudadana frente a la indignación y no pedir el voto nulo desde la televisión.

Pero lo más incomprensible del voto nulo es que muchos homosexuales y lesbianas se inclinaron por esa opción. Gays a los que muy poco les ha dado la democracia y hemos tenido que luchar por sus derechos humanos para sacarnos de la órbita del odio de la Iglesia —la que sea—, y buscar en la vida pública —en los partidos políticos o en una representatividad ciudadana—, proteger nuestros derechos. Al menos por eso ningún gay debería anular su voto o abstenerse en las elecciones.

Ayer voté por la izquierda. Sigo creyendo. ¿Y tú?

braulio.peralta@milenio.com

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