La letra desobediente

"Testosterona"

¿Ama de casa o directora de un diario? Las mujeres son más susceptibles a la osteoporosis porque no tienen los niveles de testosterona que los hombres poseen: un dato comprobado. En el hombre se da la erección, en la mujer, el crecimiento del clítoris: hay pruebas.

Se dice también que la virilidad de los machos la brinda la testosterona: en la voz, en el sexo, en su poder de atracción. Solo hay un dato que es simple especulación y no se ha comprobado científicamente: “masculiniza al cerebro”. Sabina Berman, jugando al acertijo, escribió y dirigió Testosterona, obra teatral de inusual ironía.

Si el asunto científico es serio, en la obra teatral es delirantemente lúdico desde el punto de vista racional. ¿Hombres y mujeres, sin importar su elección sexual, tenemos diferentes cerebros para ejercer el poder? Todo indica que… ¡No sé! Pero acusamos a muchas mujeres de aplicar la política como si fueran hombres.

La obra prefiere mostrar a dos personas, un hombre y una mujer en el escenario: hablan del deseo, de sus vidas y, de repente, de la posibilidad de que ella tome la dirección del periódico y le gane a su contrincante —“ese enano”—, el puesto. De lo que allí suceda esa noche saldrá un ejercicio de racionalización en espectadores inteligentes.

Sí, porque Sabina Berman pone las palabras y las intenciones para que el veedor elija entre las formas de pensar del hombre y la mujer. Con una astucia donde el lenguaje es el poder. Por encima de tufos feministoides a lo Marta Lamas, con el gusto de ser mujer y decir: “Sí, quiero poder”. El resultado es un suceso teatral que nos lleva al meollo de cómo se dan, justamente, las relaciones políticas a la hora de escoger el espacio público de las féminas: ¿abajo o arriba?

Recuerda uno sin querer el paso de directoras de diario en México como son el caso de Carmen Lira en LaJornada, Socorro Díaz en El Día y Enriqueta Cabrera en El Nacional, no porque sean sus vidas, no: por saber cómo muchas mujeres han llegado a un puesto de directivas. Si esas mujeres se convierten en “machas” y pierden su femineidad, cada quien tendrá su opinión sobre ellas.

Es casi como una segunda parte de aquella obra de Sabina Berman, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda: pero aquí los diálogos son cortos, tanto, como para dejarnos pensar un buen rato después de terminada su obra: altamente recomendable. ¡No se la pierda!

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