La letra desobediente

Ron y Ned

¿Era un crimen aplicar en los 80 AZT a pacientes con el virus de inmunodeficiencia adquirida, el VIH que deriva en la enfermedad del sida? ¿Estados Unidos prohibía medicamentos que no fueran autorizados por el gobierno, sabiendo que existían posibilidades de mejorar a los pacientes con ese virus —el más aterrador de aquélla década—, por otras medicinas alternativas? La película Dallas buyers club, de Jean-Marc Vallée, lo confirma: SÍ, millones de personas murieron con permiso de instituciones.

Escribí en mi libro Los nombres del arco iris:

“El terrorífico AZT, de los primeros medicamentos para pacientes con el virus del VIH que tanta toxicidad producía en el cuerpo…” Recordamos por el filme que el medicamento fue utilizado en los animales, que no pasó por pruebas de laboratorio y se utilizó casi como conejillos de indias en seropositivos de los años 80, como paliativo, en vez de permitir alternativas naturistas que daban posibilidad de aumentar la vida de pacientes, como el héroe anónimo que fue Ron —interpretado incomparablemente por Matthew McConaughey—, el texano dispuesto a burlar instituciones para seguir vivo siete años, en vez de los 30 días que le pronosticaban.

Una tragedia humana de la que apenas empezamos a enterarnos en el siglo XXI: la industria químico-farmacéutica tiene una guerra histórica para encontrar la vacuna contra el VIH, pero antes, debe deshacerse de medicamentos que vende en gran producción en el mercado.

Bastaría con dar una lectura al libro Más grande que el amor, de Dominique Lapierre, para saber de qué proporción es el crimen con permiso de los gobiernos en el mundo. O ir a ver la obra de teatro Un corazónnormal, de Larry Kramer —en cartelera otra vez, a partir del 14 de febrero en el Teatro San Jerónimo—, y enterarnos con Ned Weeks, en actuación impar de Hernán Mendoza, las vidas calcinadas que se fueron en el camino.

Dallars buyers club es un filme radical, sin el permiso de Hollywood, como aquella versión de Philadelphia, dirigida por Jonathan Demme, un melodrama correcto para hacernos llorar y acaso, aceptar a los gays. No: Dallars buyers club va más allá: grita a la sociedad que estamos hartos de complacencias sentimentales y necesitamos información de lo que nuestros cuerpos necesitan para estar salvos.

Vivir es aprender con dolor y risas: ¡No deje de ver Un corazón normal  y Dallars buyers club!

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