La letra desobediente

Rius

Quiero escribir antes de que muera y por eso este texto al más admirado de los caricaturistas mexicanos: Eduardo del Río, alias Rius, para los no principiantes que lo conocen hace un titipuchal de años. Sus libros son parte de la historia con la que se maleducaron millones de jóvenes en nuestro país. Bueno o malo, está en el inconsciente colectivo: con la dieta vegetariana, Los agachados, Los supermachos, y sus clásicos de historia de la revolucioncita mexicana, la guerra mundial o dos temas aun vivos: los nazis de Hitler, por un lado, y los judíos y palestinos, por otro.

Cumplió 80 años el 20 de junio (Michoacán, 1934). Nadie del campo oficial —al Conaculta le toca—, le ha dedicado al menos una felicitación, el anuncio de un homenaje, o una mesa especial en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, aunque sea porque vende miles de libros. Sus hijos del Averno, los chamucos, le dedican su revista este mes. Censurado por meterse con la virgen de Guadalupe, el Presidente o el Ejército en diversos periodos, también en la industria editorial sufrió el retiro de uno de sus libros: Los judíos.2000 años perseguidos. 50 años perseguidores. (Si se publicara hoy, sería un éxito editorial).

Rius no tiene empacho en tomar partido por el lado de la izquierda. Por eso lo golpearon durante el movimiento estudiantil del 68, y lo amenazaron de muerte: Lázaro Cárdenas habló con Díaz Ordaz, y lo soltaron. No tiene empacho en confesar que la censura no ha cambiado: en los medios de comunicación, en la política, en las marchas... Ateo, político y vegetariano, provoca ronchas en la derecha, entre los priistas vetustos y en un sector de la izquierda retrasada. Dice las cosas como un niño que no rompe un plato: todos se quedan callados, y él, orondo.

Tuve la oportunidad de ser editor de varias de sus obras. No sé si era sereno antes de tratarlo, pero me tocó observar a un Rius con enorme capacidad para oír, atender, platicar, dar sus puntos de vista y respetar al contrario, algo inusual en algunas izquierdas. Es crítico hasta de sí mismo.

Merecería grandes honores en su patria, pero están esperando que se muera para homenajearlo, y no les eche a perder el coctel del evento. O hasta que reciba un premio internacional, que merecería, tanto como Quino, El Roto, Magú, o cualquiera de esos moneros que hacen honor a la nación con su prestigio.

Salud y más obra, maestro.

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