La letra desobediente

¡Puutooo!

La palabra puto se internacionalizó: los fans de la selección nacional la subieron a la cancha de futbol y los brasileños la adoptaron para sus consignas. No sorprende si sabemos lo que significa: mujeres que se prostituyen, o los homosexuales, esos que solo la gente “correcta” llama gays.

Puto es una palabra homofóbica, la consentida de los machos ebrios en un día de fiesta para enfrentarse con el enemigo, y al día siguiente ver a la loca vestida, tirada en el pavimento, en la carretera, en su departamento, descuartizado, apaleado, baleado, ahorcado, o lo que sea, pero con saña.

Hay quienes defienden el derecho a usar la palabra en los estadios de futbol. Impresiona que justifiquen su uso porque, dicen, ha perdido su carácter ofensivo, porque significa muchas cosas, no solo homofóbico, etcétera. Nadie me lo ha contado: he sido testigo de partidos de futbol que terminan en sangre por disputas, por revanchas, por coraje, porque perdió una de las partes, y porque descubrieron que uno de los compañeros del grupo es, precisamente, puto. Pobre de aquel que desnuden en tierra de machos: Asesinos inconscientes que, ya tomados, cometen el crimen.

Ahora que existen los matrimonios gay, el derecho de los homosexuales a adoptar niños y, en contra, esa “sociedad de familia” que preserva al varón y la mujer para procrear y educar a un hijo, exclusivamente, sin derecho al resto de otras parejas no convencionales, el futbol sacó el tema de la agresión que significa gritar puto a todo lo ancho y a escala mundial en Brasil. ¿De verdad no existe una connotación homófoba, de odio? Difícil creerlo. Desde Sodoma y Gomorra los apedreaban hasta verlos morir, desde la Inquisición los mandaban a la hoguera, desde los campos de concentración de Hitler quedaban en las famosas fosas masivas, junto a los judíos...

¿Qué ocultan los mexicanos con la molestia ante la FIFA por amonestar a nuestra selección? Para mi gusto la FIFA hace lo justo: para que miremos en el espejo de nuestra hipocresía social al pretender usar una palabra que, dicen, no significa denigrar a los gays. No lo creen ni los que están en contra de la medida de la FIFA.

Ojalá eso sirva a los panistas para “defender la familia” y ojalá sirva también para que los que marchan por “el orgullo gay”, aparte de manifestarse, hagan algo por sí mismos. O qué, ¿van a gritar “el que no brinque es macho”?

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