La letra desobediente

Poe y París

Cuando la vida es una mentira y la verdad está en la literatura, uno tiembla con libros de esta naturaleza al descubrir la vida y la obra de un escritor de culto. Porque cuando todo está en un libro, el universo de nuestras vidas se transforma.

Por ejemplo: Edgar Allan Poe, que va contra la educación aprendida, la democracia instaurada, la moral asimilada como un tatuaje donde el poder es Dios, aun en lugares como Occidente y el peor Oriente —de Nueva York a París—. Para quien la alquimia, la naturaleza, el simbolismo, el romanticismo —los ismos— son aprendizajes para abordar su narrativa con las negaciones del hombre: todo o nada, mal o bien, la belleza o el horror, cabeza o corazón, idealismo o materialismo, pensar o sentir, materia o espíritu, cielo o tierra, verdad o mentira...París: no estás solo.

Cercanías y lejanías para que el hombre termine por encontrar el punto medio, ese donde no somos lo que nos dijeron. Allan Poe hace uso de su impecable, fina, inteligente, científica, filosófica narrativa para ir más allá de los antagonismos del ser o no ser para hacernos creíble lo increíble, llevarnos al arte por oposición, ahí donde vive el reino animal y del hombre —y aún dudamos de la sabiduría intuitiva de un ser irracional que, se dice, no piensa—.

Allan Poe se niega al arte edulcorado, ese que define a los que no saben nada del mundo y sus inmundicias y prefieren omitir la realidad para emular la vida de exquisiteces donde la evasión es la reina de la nada. Un autor para quien la filosofía y la naturaleza profunda, oscura —ese fantasma que el ser humano se niega a identificar en sí mismo— desnuda el alma interior con sus miedos a fin de encontrar el resquicio por donde el universo de lo siniestro se asome para decirnos que hay que tener cuidado con la vida que nos negamos a conocer.

Porque la vida que nos dijeron que es la vida no es exactamente verdad, porque mentimos constantemente a la vida.

Óscar Xavier Altamirano se atrevió a cruzar el umbral donde habita El Cuervo: entró en sus entrañas, diseccionó su cuerpo, desnudó su alma, se hizo el espíritu del mismo Edgar Allan Poe para escribir con él "Poe: El trauma de una era". Un ensayo que pone a México en el esplendor de un género literario que escasea en talento.

Ojalá no pase desapercibido, solo porque el autor no pertenece a ninguna cúpula cultural.

Todos somos París.

Twitter: @Braulio_Peralta