La letra desobediente

Pena de muerte

Ayotzinapa ya es digno de los anales de la historia donde el crimen despierta conciencias: junto a la matanza estudiantil de 1968 y los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua, el Museo Memoria y Tolerancia abrirá en 2015 una sala permanente bajo el nombre de “Indignación”, según noticia de El Universal. Si la justicia en voz de un político parece falsa, cuando aún masacran, asesinan, extorsionan, envilecen la conciencia o corrompen a los débiles, los asesinatos —del Estado o del Narco— son un recordatorio para decir basta.

Para que nunca más seamos Aguas Blancas, Acteal, aquel Jueves de Corpus, San Fernando,  los niños quemados en el ABC, Tlatlaya o el asesinato de travestis y homosexuales… Para que lo visto a escala nacional —con Murillo Karam al mando—, no sea ya jamás un Auschwitz estilo mexicano: los métodos de Hitler en el trópico. Ningún Estado podría tener la conciencia tranquila por esas sado imágenes tan de Holocausto. 

Nosotros igual estamos cansados: de la incompetencia de la ley que representa el gabinete actual, pero igual de las connivencias del poder con perredistas, panistas, verdes y todos esos partidos chiquitos que sirven para manejar a la nación a conveniencia. Años de promesas donde lo único que da la vuelta al planeta son los asesinatos impunes, no las posibilidades de crecimiento, no el estilo de gobernar del nuevo PRI: los mismos de siempre y las pruebas son esas narco imágenes que dieron a conocer a los mexicanos para decirnos que habrá justicia. No bastaría con fundir en la cárcel al señor Abarca: con él debería inaugurarse la pena de muerte como un caso especial de mente nazi: para que no se repita.

Las redes sociales y las calles muestran cólera, tristeza, indignación, hartazgo: no más largas ni cansancio hasta dar con la verdad. Levantar nuestras voces al mundo y decir que hasta aquí: o dan una respuesta eficaz, inmediata, o la historia no los absolverá del crimen que dicen pretender descubrir. No hay tiempo para el cinismo ni la falsa democracia. Funcionan o renuncian.

Es hora de organizarse, de hacer un nuevo proyecto de nación sin caudillismo. Como una masa uniforme que busca el poder para el bien común, no de individualidad aparatosamente soberbia como hemos visto en la izquierda o la derecha mexicana. Ya no es posible mantenerlos. Ningún voto para ustedes. Es hora del ciudadano.

braulio.peralta@milenio.com

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