La letra desobediente

Paz, Paz y Paz

No será suficiente el año para confrontar o pelear por las ideas de Octavio Paz: uno de los poetas del siglo XX en castellano despierta vivo, casi arrancando la centuria.

Letras Libres adelanta varios libros nuevos sobre Paz en su último número:

Guillermo Sheridan escribe un largo ensayo “sobre las cartas de Octavio Paz a Elena Garro, de próxima publicación”. Cartas de amor, de juventud, de un noviazgo que los llevó al matrimonio y a tener una hija, en 1939, Laura Helena Paz Garro: “Ella fue, quizá, la herida que Paz nunca cerró”, escribe en la misma revista Christopher Domínguez Michael, que igual anuncia su próxima y última biografía sobre el poeta.

No es que importe la vida privada de Octavio Paz. Pero las cartas son testimonio vivo del amor, tema al que dedicó grandes poemas, entre ellos, a Elena Garro, autora de obras de teatro escritas en los años 50, cuando aún eran pareja. Héctor Mendoza dirigió en 1956 la pieza de Garro, Un hogar sólido, dentro del movimiento teatral de Poesía en Voz Alta, que Paz impulsó. Elena Poniatowska dijo: “Una obra llena de poesía e imaginación… Así fue el deslumbramiento que causó”. El mismo año que Octavio Paz estrena su única pieza teatral, La Hija de Rappaccini, con el propio Mendoza.

Igual publicarán en el FCE El calor de la amistad. Correspondencia 1950-1984, las cartas entre el poeta y José Luis Martínez. (Ojalá un día anuncien las misivas que intercambió con Carlos Fuentes —resguardadas en Estados Unidos—, testimonio para conocer dos puntos de vista sobre el mismo tema: México, los intelectuales, la izquierda y la literatura escrita en español y otros idiomas. Cartas reveladoras de una amistad truncada).

Como igual se agradece un malentendido en torno a Juan Rulfo: una carta de Paz a Jaime García Terrés —que presenta Malva Flores— hace ver la admiración por el autor de Pedro Páramo: lo propuso —junto a Borges y Carpentier—, para el fallo del Prix International des Éditeurs, en 1961, que finalmente ganaron Beckett y Borges. Eso, para anular la idea de que Paz era mezquino con la obra de Rulfo. Es sano aclarar cuando dos autores son grandes.

O como bien escribe Tedi López Mills: “Lo ideal sería leer o releer a Paz en el punto exacto donde la poesía es una tentativa de riesgo, mucho más por sus certidumbres que por sus incertidumbres”.

¡Qué corto se me hizo el número de Letras Libres!

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