La letra desobediente

Laico o laico

Parece que la Iglesia católica no se da cuenta de los avances en materia jurídica que se vienen dando los últimos años. Parece que no lee las noticias en Europa y Estados Unidos del cambio de comportamiento sobre la noción moderna que se tiene de la diversidad sexual. Parece que los feligreses empiezan a pensar que, entre las diatribas de los sacerdotes contra los derechos humanos de los gays, invitando a la guerra cristera, hoy no hay más camino que el respeto al derecho ajeno como búsqueda de paz.

Las religiones ya no tienen el poder que llegó a poseer cuando la educación y la civilidad estaban en pañales en el mundo. Sí, falta mucho trecho en Oriente, la Rusia de Putin, África o China y lo que quieran anexar. Pero no es el medioevo, cuando las ideas provenían de la religión. El mundo está más preocupado por guerras tecnológicas y monetarias, que por los designios de Dios. La ciencia y la ley imponen la razón por encima de todo prejuicio social. La guerra será educativa y civilizatoria, o no será.

Lo que pasa en México debe entenderse en ese contexto. La Suprema Corte de Justicia de la nación se pronunció por un derecho igualitario entre los heterosexuales y las otras sexualidades. El presidente Enrique Peña Nieto acató ese derecho y actuó conforme a jurisprudencia (ni siquiera es una convicción del mandatario sino apego a la ley). Los que no estén en el rango del derecho humano simplemente están al margen de la ley, sean sacerdotes, gobernadores con preferencia eclesiástica —y no constitucional— o candidatos perdedores a la presidencia —bien ardidos—, sin futuro.

Es difícil jurar —sin el rigor de la información—, que el PRI perdió las elecciones pasadas por la decisión de Peña Nieto a favor de los gays. Lo comprobado es la corrupción en estados como Veracruz, donde Duarte, si no robó, permitió que su estado llegara a niveles de vergüenza nacional. Esa es la sociedad civil que castiga a irresponsables. Ese es el camino a la democracia y a la alternancia del poder para beneficio ciudadano. Eso es lo que vienen aprendiendo los mexicanos en las últimas décadas: el largo y tortuoso camino del respeto a la ley, las religiones, las clases sociales, a la que hoy se agregan los derechos de las diferencias sexuales.

Hasta hoy empezamos a ver el Estado laico por el que don Benito Juárez luchó.

Con fe, pero laico, más laico, siempre laico.

Twitter: @Braulio_Peralta