La letra desobediente

Osorio Chong

Las plazas se manchan de rojo. Desde el México antiguo ni macana, ni flecha, ni honda, ni puños, ni cuchillos, ni nada impide descuartizar a seres sin nombre ni apellido. México vomita sangre. Malintzin pareciera la culpable. Las paridoras del nuevo México colonial, del mestizaje, de ladinos al servicio del criollismo. México bajo nuestras sábanas. El México que tose y no nos deja dormir. Que impide ver a las asesinadas de Juárez, el Estado de México y ciudades aledañas. Electrificados al sonoro rugir del cañón, pero no al sonoro rugir de nuestras almas.

Somnolientos, aceptamos la tragedia ancestral de guerras a balazos y bombas;  batallas sanguinolentas, revoluciones perdidas. Sacrificios inútiles. No hay poema que abarque a este país, de mis salvajes antepasados a mis asesinos de hoy.  México no le ha contado lo que le hiciste a México cuando vino de México. De las rapiñas y guerras sagradas de ayer pasaste a ser el vil asesino de ti mismo. México, ya no creo en ti.

Pero, oh sorpresa: un secretario de Gobernación puso la balanza del lado de los estudiantes, sin un tiro. Miguel Ángel Osorio Chong encaró a los jóvenes del Poli y les cumplió las demandas del pliego petitorio. Lo que Fox dijo que terminaría en minutos —y no logró en todo su sexenio—, Osorio Chong lo realizó en tres días. Mis respetos.

Pero ¿se sentará ante todos los problemas que falta por concluir: el narcotráfico, los maestros rebeldes, los grupos guerrilleros en Guerrero, los indígenas de Chiapas ya sin el subcomandante Marcos, el asesinato de mujeres, los secuestradores, los desaparecidos, los crímenes de odio por homofobia, las violaciones a mujeres, los extorsionadores, los albergues como los de Mamá Rosa y un largo etcétera de crímenes sin ley?

Si logra todo esto votaría por él como nuestro futuro presidente. Votaría, dije, porque una golondrina no hace verano: le falta un titipuchal para resolver el grave deterioro que vive el país.

Sergio Sarmiento—a quien leo siempre, aunque casi nunca coincido con él—, no pudo ver la importancia que puede tener una marcha ante políticos sensibles, o con deseos de ganar votos resolviendo problemas. Una cultura de la marcha, sí, empujó al gobierno a negociar con los estudiantes. Estoy contra los bloqueos, pero no contra las marchas con todo y lo latosas que pueden ser para un sector ciudadano. Aprendamos la lección.

http://twitter.com/Braulio_Peralta