La letra desobediente

Orar a México

La vida es una repetición cuando de tragedias se trata. Los días plomizos de la nación aniquilan un asomo a la esperanza. En cuestión de realidad solo el creyente sueña la idea de ser iguales a los ojos de Dios: las calles se llenan de protestas donde asoma la negra cólera del pueblo que no encuentra la justicia de que habla la democracia. Lágrimas en silencio caen sobre el asfalto. La noche de los asesinos avanza y la tormenta de palabras pidiendo paz no hace la revolución. ¿Orar tiene sentido?

¿Por dónde demonios implorar? ¿Por dónde disparar las ideas que nos lleve a mejores tiempos? ¿Por dónde pisar tierra para que una nación se levante? ¿Qué agravios cometió su gente para ser aprisionada de esa forma, tan de dictadura perfecta? ¿Hasta cuándo despertarán las piedras de ese camino donde no hay salida? ¿Quién dispara el primer pensamiento y las acciones que incorpore a una nación de sus tribulaciones?

El desasosiego que no deja dormir. El miedo que contiene a las almas en pesadilla. Odio y engaño, crimen e injusticia de malnacidos que cometen atrocidades por la amapola: el corazón  de la rapiña en Iguala. Las fosas: vicio y dolor, envidias y muerte. Crímenes clandestinos para los que el mundo exige justicia. Los hombres de la ley parecen desleales a su juramento. Un presidente que pierde los bonos del sueño por la cruenta balacera que desaparece personas. Nadie paga hasta hoy por los huesos rotos.

Escribe José Revueltas:

“De hoy en adelante se acabó el sufrimiento, se acabó la maldad. El arruinado puede  ya rehabilitarse; los pobres ya no tienen necesidades; hay pan para el hambriento; para el solitario, amor. Se acabaron los tristes y los enfermos.  Aquellos que vivieron siempre en el desamparo, que no tuvieron nunca una sonrisa hoy tienen un lugar, un refugio en esta tierra magnánima y dulce…”.

Son los muertos. Son los desaparecidos. Son los estudiantes de Ayotzinapa. Son los rumores de los idos que sueñan que existe “Dios en la tierra”. ¿Cuánta será la oscuridad? ¿Dónde amanecerá la luz? ¿Cuándo despertará el porvenir? ¿Cómo se puede creer en la bondad de los gobernantes? ¿Quién se atreve a romper la inercia de los Días de Muertos? ¿Por qué una y otra vez iniciamos la ruta sin más destino que el viaje hacia la nada?

Orar por ellos y por los que quedamos aquí, a la espera de que la patria despierte antes de que nos vayamos todos.

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