La letra desobediente

Muxe y mujer

El necio de Marco Petriz ha superado al arte sin dinero. Ha sostenido 25 años su Grupo Teatral Tehuantepec, donde escasamente sale de la región de Oaxaca al resto del país porque insiste en una propuesta escénica donde el microuniverso hace la diferencia frente al resto de la nación. Evade el éxito. No soporta las grandes ciudades. Humilde pero orgulloso de su trabajo se sostiene en una propuesta donde las historias del pueblo le dan la posibilidad de crear. Es un chingón con pocos centavos.

Estuvo aquí en el DF representando Otro día de fiesta—con su dirección y dramaturgia—, en una adaptación de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio: dos seres que se enfrentan, ella, Concha, entre sus afectos y adicciones, y ella, Amanda, la muxe víctima de doble moral. Dialogan, se retan, avizoran su futuro, se cuentan  historias y descubren mentiras reales de verdades falsas. El universo en dos conversaciones que nos mantienen en vilo hasta el trágico desenlace.

Hace años fui al Istmo de Tehuantepec a ver el teatro de Marco Petriz y quedé maravillado de su sencillez compleja, de su aparente costumbrismo, sí, pero mágico, un arte escénico donde el orden social adquiere en el teatro la fascinación de entender eso que llamamos mundo. Una mujer en los excesos del alcohol no es lo importante sino lo que cuenta de la comunidad. Un muxe que narra parte de su vida es adivinar que el pueblo tiene atavismos, prejuicios que rondan el asesinato. La falsa moral con la religión de norma. La mentira como verdad, aunque lo cierto es la desgracia humana. Donde la degradación de las tradiciones locales convierte en víctimas a las personas.

Los verdaderos solos en el universo de la infamia son esas dos personas envueltas en su desgracia, perdidas en su propia región, buenas e inútiles para la “razón”. Concha se olvida de la realidad con el alcohol. Amanda transforma la realidad en un sueño imposible. Las dos, inmersas en la soledad acompañada. Incomprendidas, nadie —ni ellas mismas— podía hacer nada por sí sola: la comunidad las digiere poco a poco. Es falso que a los muxes los acepten en su tierra. Ni cierto que las mujeres mandan en la región. Mentiras que Petriz desnuda con asombro, una obra digna de una mejor temporada en el DF.

 El buen teatro sin difusión es una desgracia que no deberíamos permitir con espectáculos como Otro día de fiesta. Lástima.

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