La letra desobediente

Esa Iglesia

La Iglesia católica se queda sola en sus demandas para retirar las medidas presidenciales en la igualdad de matrimonios a todas las diferencias sexuales, sin exclusividad de los heterosexuales. No se ve aquel pulso histórico de la guerra cristera, no, ni la fuerza moral con la que cambiaban las leyes a su arbitrio. Aunque sí, el Partido Acción Nacional se repliega a las peticiones de su fe. No crecen.

No cambian cuando el tiempo muestra un pulso ciudadano más civilizado, menos eclesial. Las encuestas comprobarían el avance en este tema gay que, efectivamente, es minoritario pero histórico y trascendente para esos marginados de leyes iguales.

La ética antes que la moral mal entendida empieza a tener réplica en ciudades donde no solo la de México es de avanzada. Pregunten a la gente de criterio en el norte del país, en el Golfo y el Pacífico, en ciudades donde las clases sociales ya no participan del coro del cura en turno. La educación laica avanzó sin rezos.

Antes, las declaraciones de curas, cardenales y el papa contra la decisión presidencial hubieran sido marchas y manifestaciones públicas. Hoy son ecos mediáticos sin resonancia de personajes como la Madre Conchita o José León Toral que intentaron matar al General Álvaro Obregón.

El descrédito de la Iglesia con curas pederastas solapados por la alta sede vaticana, la corrupción de personajes anti condón como Serrano Limón, o aquella mujer que quiso cambiar a Benito Juárez por una estatua de San Miguel Arcángel en un municipio de Monterrey han quedado desplazados por católicos que ven la democracia desde la constitución, las leyes, la civilidad. Hace falta levantar esa encuesta donde México creció en sus convicciones con derechos para todos, sin importar raza, religión, clase social ni sexo.

Ya ni siquiera hace falta apelar al Quijote con Sancho en la novela de Cervantes, aquella "iglesia" con minúsculas con que se toparon los personajes en El Toboso. Sí, claro, hay que estar atentos. Darle voz a todos, sin exclusión. Pero la política gana con los sucesos de aquel 17 de mayo en Los Pinos, cuando Enrique Peña Nieto rebasó todas las expectativas, no solo de la comunidad gay, sino del país en materia de derechos humanos.

Ahora es tiempo de diputados, senadores, gobernadores y partidos políticos. Lo que sigue. Demostrar que rebasamos la realidad contra la homofobia, con campañas.

Debatir es avanzar...

Twitter: @Braulio_Peralta