La letra desobediente

Grano de sal

Dos mujeres deciden amarse en medio de la adversidad: la sociedad, la familia, la religión. Contra las leyes, dicen, de Dios. Se aman porque se desean, se atraen, se necesitan. Hacen una amistad muy de otro modo. La oposición se convulsiona: es pecado, anormal, enfermizo, patógeno; sin embargo, ellas se mueven en libertad: se desatan en medio de la tempestad y llegan a ese punto frágil llamado felicidad.

Claire Morgan escribió una historia de amor atípica con final feliz. La publicó en 1952 con el título de El precio de la sal. Vendió más de un millón de ejemplares en Estados Unidos. Eso, cuando las novelas de entonces con historias de amores del mismo sexo terminaban trágicamente: depresión, suicidio o asesinato. Cero alternativas. La obra ha sobrevivido hasta el siglo XXI. Ha logrado llegar al cine y convertirse en una historia de amor donde las sociedades de hoy son menos restrictivas al siglo XX.

El pseudónimo de Claire Morgan le sirvió a Patricia Highsmith para liberarse de ser etiquetada como autora de historias de lesbianas (aunque no la ha liberado de ser escritora de novelas policiales). Lo escribe ella misma, en 1983: "En esta época, más libre, debe haber pocas Thereses, pero siempre habrá Carols en miles de ciudades, con historias similares. Una chica se casa joven, a menudo con cierta presión paterna, con una vaga e inexplorada convicción de que está haciendo lo correcto. Unos años después, la verdad sale a la luz, tiene que expresarse porque ya no se la puede reprimir por más tiempo".

Carol es el título actual de la novela que se convirtió en película magistralmente dirigida por Todd Haynes. Gracias al filme leí la novela y leí por primera vez a la Highsmith. La novela y la película sorprenden por su calidad literaria y cinematográfica. Aunque la literatura siempre tendrá el tiempo de contar metáforas, ampliar horizontes psicológicos de sus personajes y recrear un ambiente mórbido contra ese amor prohibido. El viaje que emprenden juntas casi huyendo del mundo es un portento de vida en alrededor de 100 páginas.

Pocas historias de lesbianas en las letras donde sean tan de carne y hueso, y aceptarlas tal cual. No un instrumento de estudio como aquella obra de 1954 escrita por Radclyffe Hall, El pozo de la soledad, presentando ese "amor raro" para "dilucidar el origen de este tipo de anormalidades".

Leer es matar prejuicios...

Twitter: @Braulio_Peralta