La letra desobediente

Gracias

Llueve dentro, sin alivio. Agua salada en tu piel. La humedad te congela la sangre. Las cicatrices se amplían. Pesar en el alma. Vacío. Soledad. Ausencia. El cuerpo no responde. La mente dejó de existir. Respirar te ahoga. ¿Qué te dieron para perderte y no tener respuesta para salvarte de un secuestro express? Ocho horas bastaron para aniquilarte. ¿Alguien que lo haya vivido lo sintió igual? ¿Qué gobierno es capaz de devolver tranquilidad que creías gozar? Iluso. Vivimos democracia de papel.

Los poros como tapados y en la boca un sabor amargo te asquea. Perdiste todo sentido de articulación. No eres nadie. Eres un pedazo de masa tirada en el suelo. Y aun así te arrastras. Jalas con los codos, por instinto. Pero te pierdes, no sabes dónde estás y sin salida. Con tu nombre los secuestradores salieron de compras. Vivan las tarjetas de crédito y las hipotecas y los réditos. Un país entero en venta y a plazos. Con publicidad pagada para hablar de lo bien que vamos. Anímate, es México.

Caíste ante los corderos de dios que quitan todos los pecados del mundo. Puedes ser el caso 32 mil y pico de 2015. O el 74 de cada 24 horas. Ni siquiera eres único. Has vivido de tu trabajo 38 años. Has pagado impuestos. Te han acusado sin pruebas de corrupto por trabajar apenas un año para Conaculta (hasta una de tu familia lo creyó).  Como si los periodistas —o editores—, no supieran de sus salarios, de infames a decentes. Basta: no es tu intención ser nota. Solo eres un expediente de la inseguridad en México.

Alégrate, hombre, sobreviviste a secuestradores y autoridades del Estado de México. Alégrate como los troleros a tu columna pasada que te agredieron diciendo que eso te pasó por puto —no por defender los derechos gays—. La impunidad del que puede arrebujarse de moralina sin mancharse tantito de conocimiento civil. ¡Deja en paz el tema que el país no necesita llorones como tú! Levántate y pelea derechos. No hay tiempo para el dolor. No en México. Mejor agradece a tus amigos todo lo que hicieron para que regresaras a casa, madreado, sí, desmemoriado, sí, apendejado también, pero encabronadamente vivo para empezar de nuevo.

Cuando te acuerdes de todo, cuéntalo sin vergüenza. Los que deben avergonzarse son los políticos que dicen acabar con la inseguridad y el secuestro pero no atrapan las bandas criminales identificadas en las zonas marginales de todo México.


Twitter: @Braulio_Peralta