La letra desobediente

Gonzalo Celorio

A Norma Salazar

No está de moda sobre los temas del momento, pero entra a la corriente de escritores en el mundo que rescatan su historia buscando a la familia en el pasado.

Las novelas no dicen ninguna verdad, abren más incógnitas que certidumbres, procurando alivio al escritor y a los lectores. La novela nunca es una respuesta. Es, sin pretenderlo, un relato para identificar nuestra propia historia.

El metal y la escoria es una obra de identidad, de cómo y por qué somos laberinto de soledades. Novela que bien podría responder a la pregunta ¿de dónde venimos los mexicanos? No desde la perspectiva indígena, sino con la mirada criolla y española. Novelas así —leídas sin prejuicio histórico—, hacen pensar que valió la pena la conquista de España, dejando atrás la discusión sobre la brutalidad y desaparición de una cultura por otra. Polémico.

Gonzalo Celorio estuvo a punto de dejar de escribir esta especie híbrida entre la memoria, la crónica, el testimonio, el ensayo histórico: Esa saga familiar donde el lenguaje asombra. Cuenta 100 años de vida. Historias que se bifurcan, ideológicamente diferentes, llenas de bondad y maldad, de escasez y crecimiento. Ascensión y caída en la vida de un país que pasó del porfirismo a la revolución mexicana y de ahí a los 70 años del PRI. ¡Qué bueno que sí la terminó!

Narra lo que pudo ser el principio de la novela: “Conocí a mi abuelo paterno cincuenta y cinco años después de su muerte, la tarde que sepultamos a mi padre”.

Tarde del 15 de junio de 1962, en el Cementerio Español. La lápida de Emeterio Celorio Santoveña (1858-1907) despertó la inquietud nostálgica del escritor de varias obras con aire de familia. El que explica a Telvina en el pueblo asturiano de Vibaño:

“Mi apellido: Celorio. Mi abuelo: Emeterio. Mi padre: Miguel. México. El viaje. El retorno al origen. Los pasos perdidos. Todo eso.”

Pero hete aquí que el abuelo ni siquiera se llamó Emeterio y las atmósferas de la historia son ficción. Una novela que no tiene ese sentido histórico, que es aparente. Una obra que nos lleva a los acertijos de la memoria para liberar las emociones de la búsqueda. Vale la pena leer este libro portentoso por varias razones, acaso la principal: El espejo de un país que no termina por despegar porque las raíces andan pérdidas por ideologías fuera de moda.

Digno Premio Mazatlán de Literatura 2015.

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