La letra desobediente

Gloria y Sergio

Había una vez un productor de música que se convirtió en el centro del deseo de niñas ávidas de éxito a cualquier precio. Los padres estaban dispuestos a entregar a sus hijas hasta las últimas consecuencias. Pocos sabían en el medio del espectáculo que al productor le gustaban menores de edad, no para hacerlas famosas sino para hacerles el amor. Así nació el escándalo más grande que hemos tenido en la historia de la música mexicana, que ahora se ha convertido en película. Una tragedia traducida en dinero. La industria cultural al servicio del morbo público.

Estaban involucrados todos porque en el medio del espectáculo es un tema frecuente: las televisoras, los periodistas, El Tigre, Salinas y muchos padres que habían vivido la seducción de sus hijas con Sergio, como el caso de la famosa Lucero. Rumor que jamás llegó a los tribunales, la justicia: la última en enterarse de las infamias humanas. La fama pasa factura a quien la quiere y lo logra. Tuvo que llegar una niña con talento real, de artista, ambiciosa, de inteligencia emocional para que la cloaca apareciera. Hoy, todos la miran y aquellas que provocaron el escándalo son sombra, polvo, nada. Ella: Ave Fénix.

No hay drogas en la historia: las drogas son las emociones humanas. La adicción, ese espejo del éxito al que millones desean pero pocos llegan. En la historia de la música, de la historia de los y las cantantes  las drogas son algo común, y los finales, predecibles, en este caso no. Importan las pasiones desenfrenadas y sus consecuencias. Sergio tuvo que casarse varias veces presionado por los padres para salvar el pellejo y todos contentos. Gloria calló lo que vio todos esos años por su carrera, en ascenso hasta que logró separarse sentimentalmente del hombre que la llevó del cielo al infierno.

Ríos de tinta se han derramado en esta historia humana. El cine era su destino final. La película es apenas un esbozo de las bajezas humanas de padres y familiares de las víctimas, los verdaderos antagonistas de esta tragedia de tintes cómicos donde la ley apenas se asoma. Gloria y Sergio se presentan como lo que son: una creadora y un productor con sus patologías. Lo demás corre por cuenta de la ambición colectiva. Un filme que nadie querrá ver como lo que realmente somos: enfermos sociales. Es mejor echar la culpa a los protagonistas.

Gracias a Sabina Berman por el guión.

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