La letra desobediente

Frida "again"

Nací con el siglo XX, pero en el XXI empezaron a hablar de mí como si fuera la divina envuelta en huevo. Soy lo que no quise ser: un producto al servicio del consumidor.

No ven mis obras sino las sobras del cuerpo que habité. ¿Quién puede creer en mi belleza cuando fui arrollada por el destino y quedé destruida de la columna, la pelvis y una pierna que, de por sí, ya tenía polio? No mientan: soy digna de compasión. Me consagré al arte porque no tenía otra salida. Mi padre fue el que me dio los primeros pinceles y mi madre puso arriba de la cama un espejo: no me quedó otra que ser mi modelo. Nunca se me ocurrió ser un objeto reverencial.

Él no es feliz de mi éxito. Él: que me adoptó como una hermana, como una amante, como una amiga, como un ser que comprendía su universo: porque era el mío también. Él me salvó. Él es todo para mi. Él sí fue vanguardista. Él reinventó los grandes planos para que el mundo se mirara en sus murales. Él despreció Europa y se consagró al gran formato. Él es un renacentista, una renovación de la pintura, un consagrado.

¿Cómo es posible que ahora yo sea la revelación del siglo XXI cuando en el XX nadie prácticamente se ocupó más allá del folclore que representaba mi persona? Los dos fuimos la contracorriente de un río donde nadie observaba cómo nos quitaban el individualismo para hacernos colectividad. Un sueño de libertad echo trizas.

El arte es dinero. Un juego de poder. Lujo de ricos. Aditamento del mundo. Moda. Eso soy: una moda que, espero, pase y me dejen en paz. Mi retratito lo traen en su cartera. Un icono, dicen. La esfinge que, callada, otorga la usura del mundo. El rostro en las postales de los museos. Trenzas sin contenido. El nuevo nombre en las guías de museos y galerías.

Todo porque esa cantante pop adquirió dos piezas para su casa. Han desheredado a los depositarios de pinturas que hice para mis amigos convirtiéndome en moneda de cambio. El usufructo del arte, en sus manos. Nada de esa fama me tocó viva. Me fui con lo que apenas el agua me ha dado.

No pedí éxito. Reclamé respeto. Aspiré a vomitar mis males en colores,  para disipar mi desgracia. Mi revancha será demasiado cruel…

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