La letra desobediente

El otro FCE

No debe desaparecer el Fondo de Cultura Económica, pero sí deberían aprovechar a la institución como plataforma de lanzamiento del idioma español y hacer de México el líder en habla hispana. Eso es lo que intentó en sus mejores tiempos España con el Instituto Cervantes y su proyecto ha perdido fuerza.

Si nuestro país de verdad es y seguirá siendo uno, primordial en Latinoamérica, el FCE es la editorial ideal para objetivos internacionales.

Ya tienen las instalaciones, con sede en España, Argentina, Colombia, Estados Unidos y lo que siga. Hay librerías en espacios internacionales. Hay autores, hay escritores de nivel, falta un líder en el FCE que tome la sartén por el mango: en vez de promover al Presidente, que lo haga por la literatura y las artes. José Carreño, independientemente de su error bien señalado por Jesús Silva-Herzog Márquez es un hombre capaz de llevar a buen puerto la difusión de los autores nacionales.

Lo cierto es que la opinión de Leonardo Zuckermann —cerrar el FCE— abrió un debate urgente: ¿la editorial recibe 280 millones de pesos para gastar y no para ganar al erario nacional?

No: debería exigírsele un nivel de empresa estatal que otorgue ganancias con el trabajo público de sus autores, que los saque al extranjero, que no solo se dedique a publicarlos y olvidarlos sin ganar un peso al editarlos. Que ofrezca más que lo que ofrecen las editoriales privadas, que es simplemente vender un “producto” y más que suficiente.

El FCE tiene que abrirse a la modernidad: las redes sociales, los libros electrónicos, sí, pero la necesaria internacionalización de sus apuestas nacionales. Es la única forma de ganarle a las trasnacionales y otorgar al autor un incentivo al publicar con ellos. Narradores como Mario Bellatin, Ignacio Padilla, David Toscana, Cristina Rivera Garza, Ana Clavel, Ana García Bergua, Martín Solares, Juan José Rodríguez, o poetas como Pura López Colomé, Luis Felipe Fabre, Myriam Moscona y Víctor Manuel Mendiola —y varios más, no los de siempre— tienen prestigio: urge su internacionalización.

El FCE, con mira, podría hacer resurgir la nueva camada de escritores que cambien el panorama de los ya multicitados (Paz, Rulfo y Fuentes). Si el gobierno aceptara que esta discusión valió la pena para salirse de esa zona donde han sido tan criticados por sus últimos malos pasos, ganamos todos.

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