La letra desobediente

EPN: un año

Enrique Peña Nieto ascendió al poder en medio de protestas públicas —violentas— el primero de diciembre de 2012. El PRD se dividió entre darle la razón a AMLO —que se negó a reconocer el resultado de las elecciones­­­— o continuar en la arena política, disputando puestos y credibilidad pública. Y el PAN, en franca rebatinga por el liderazgo del partido, sin terminar por definirse.

El PRI, único en la plaza con unidad inquebrantable en medio del desastre, que controla el Pacto por México a pesar de los desacuerdos. Un año en que, de cara a la ciudadanía, el país no ha alcanzado el progreso prometido. Un avance de propuestas sin resultados concretos en materia económica, de seguridad nacional y de educación con reforma hacendaria. Y vamos hacia 2014…

México es parte del mundo. Brasil ya nos rebasó en logros sociales. En los 12 años del panismo con Fox y Calderón —salvo la libertad de expresión—, se sostuvo un desarrollo aparente sin progreso real y dejó una estela de violencia que Peña Nieto no ha podido detener en un año, con asesinatos sin justicia en todo el país: 17 mil 68 homicidios (datos de la Secretaría de Gobernación).  Obvio: faltan muertes, sin reporte oficial. Aún desconocemos la estrategia nacional contra el narcotráfico. Uno estaría feliz de que al menos en este punto, Peña Nieto saliera airoso, pero no. Sabemos que el narco es un asunto universal, pero aquí pagamos con muertos como en ninguna otra parte del planeta.

¿Qué hará el PRI? Seguramente está decretando acabar primero con las reformas energética y política para seguir adelante en sus planes gubernamentales. ¿Se lo permitirán las diferencias con los partidos opositores o tendrá que negociar puntos de acuerdo para trazar medianamente un camino posible hacia el crecimiento económico y político?

Es el año de las definiciones y, seguro, radicalización de parte del gobierno para concretar sus propósitos. No les gusta mucho negociar ni perder. Ellos sí toman el poder, lo ha comprobado la historia: la violencia de parte del Estado no varía. ¿Lo saben los opositores? Seguro sí. Pero siguen jugando a la democracia que ahora dice “imperfecta” el acomodaticio Mario Vargas Llosa. Mientras, pues que se aguante el pueblo. Que negocien los partidos y el Presidente. No importa. Aunque EPN no es la portada del Time, como hace un año.

¿Marcelo Ebrard?: en sala de espera.

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