La letra desobediente

Desaparecidos

La palabra recuerda irremediablemente a doña Rosario Ibarra de Piedra, incansable madre que jamás reconocería que su hijo, Jesús Piedra Ibarra, hubiera muerto hace 31 años. Ella es símbolo de esperanza en seres que han perdido a sus parientes, amigos, compañeros de trabajo o militantes de partidos que, como el de los comunistas, fueron prohibidos alguna vez en México.  Tema del día, cuando apenas en 2013 el gobierno de Enrique Peña Nieto reconocía 28 mil desaparecidos en el país y para 2013 la cifra había bajado a 8 mil personas. ¿Cuál es el dato exacto de esta ignominia?

Desaparecer personas es ilegal  hoy y siempre pero sucede desde los años 60: presencia noticiosa que suma más y más gente que se fue o está enterrada, sin registro público y nadie sabe dónde quedó esa gente que miles de familias buscan ahora a través de las redes sociales. Es común leer el “Se Busca a…”, pidiendo noticia de su paradero o pista. Una costumbre que lamentablemente es tan normal, que ya no sentimos casi nada al leer las desdichadas lamentaciones. Pero todos vimos los rostros de los 43 desaparecidos en Guerrero y la noticia regresó con fuerza: ¿hasta cuándo?

Pareciera que los mexicanos olvidamos las 12 letras que quitan de la vista a una persona de la sociedad civil. Pero quienes rastrean a su gente jamás dejan de ir a la instancia pública debida para continuar buscando a su ser amado: en los anfiteatros, en el Servicio Médico Forense,  en Gobernación, en las carreteras del país, en las agrupaciones civiles  dedicadas a buscar estudiantes, obreros, mujeres, niñas o niños que fueron de repente arrancados del seno social y quedaron olvidadas por las leyes y el orden.

¿Quién está empeñado en que este problema dañe a la sociedad pública? ¿Crímenes ocultos en fosas clandestinas? ¿Será que existen varios pozoleros que usan sosa cáustica para desaparecer hasta los huesos de las personas? ¿A quién le conviene que este problema continué en México? Al gobierno de la República, no. Las presiones internacionales son ya alud.

Si no llegamos al esclarecimiento pormenorizado de los estudiantes de Ayotzinapa, el sexenio de Enrique Peña Nieto quedaría marcado como uno más de los gobernantes del PRI que han dejado huella al estilo más negro de represión donde no importan las vidas sino sostener una falsa democracia donde los derechos humanos no existen.

Ojalá no.

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