La letra desobediente

DF-Tuxpan

Prometida desde Salinas de Gortari, por fin abren la carretera México-Tuxpan, el puerto más cercano a Tenochtitlán. En tres horas de carretera llegaremos a los manglares, ríos, playas y excelente gastronomía, no solo de mariscos y pescados. Viajes de placer en Semana Santa, Día de Muertos, mes de la Patria y “puentes”, de esos donde los mexicanos corremos al mar, la montaña o el arte colonial.

Tuxpan nunca fue puerto de altura. Dicen que lo será, que el gobierno de Veracruz invertirá todo para hacer del lugar la llegada y partida de barcos de gran calado. Ojalá. Pero eso lo escuchamos desde la infancia y hasta ahora se aproxima la posibilidad de cambio de la región. Los tuxpeños ya tienen carretera, pero no les ha cambiado la mentalidad para recibir a los posibles turistas clase media —a la baja— y a algún potentado con haciendas y casas de lujo.

De ahí zarpó Fidel Castro a Cuba para su revolución comunista, en 1958. Dos veces han realizado réplica del barco que llevó a los insurrectos a terminar con la dictadura de Batista. Dos veces quedó hecha añicos la copia por negligencia de las autoridades. Si hay algo que distingue al puerto, el último del norte de Veracruz, es la apatía. Soñaron con petróleo y nada: todo se fue a Poza Rica. Desearon ser puerto de altura, pero Tampico les ganó. Ahora les queda de recurso el turismo. Veremos.

Parece cuento pero no es: cuenta la familia, que allá por los años 50, un aspirante a presidente municipal gritaba para ganar votos: “¡Y no descansaré hasta ver convertido a Tuxpan en un Nueva York chiquito!” Imposible no reír. Aunque es innegable la belleza natural del lugar: verde por doquier, frutos de la región, ganado y playas a granel. Un edén destartalado por falta de mantenimiento. La ciudad y puerto tienen mal gusto para mostrar sus encantos. De las casas de adobe y madera, de su arquitectura vernácula, muy poco queda. Ojalá preserven sus vestigios: ¡y que  las pinten!

No se nota la acción del gobierno local para recibir a los turistas, si llegaran. La infraestructura hotelera apenas despierta. Los servicios de atención al público son dignos de una aldea olvidada en la sierra, donde lo que vale la pena es ver bailar a los huastecos y observar los hermosos atuendos de sus mujeres-sonrisa. Ojalá me equivoque y los tuxpeños despierten y ganen con la carretera: que el progreso no termine por aniquilarlos.

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