La letra desobediente

1492

En 1992 los españoles derrocharon millones de euros con los festejos del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. El rey Juan Carlos estaba fuerte, la democracia socialista de Felipe González empezaba a decaer y el príncipe Felipe era un mozuelo en busca de princesa. Barcelona con Juegos Olímpicos; Madrid, capital cultural de Europa, Cumbre Iberoamericana de jefes de gobierno y Estado. Hasta Fidel Castro visitó por primera vez la tierra de su padre, Ángel Castro y Argiz. Ya nadie se acuerda de esos millones para hacer de Sevilla la Expo-92, que hasta el río Guadalquivir “lo están cambiando de sitio”, me dijo el poeta Rafael Alberti.

Viví esos años en Madrid, entre 1987 y 1993. Hice un libro, De un mundo raro. Los españoles hicieron de 1492 “la ocasión de no mirar el pasado, sino el presente y el futuro”, me respondió el historiador Juan Pérez de Tudela y Bueso. O Antonio Gala: “Si España no atiende el mundo islámico y el mundo americano, se está traicionando a sí misma, y está traicionando a sus pueblos”. O Ludolfo Paramio: “Para vosotros somos como los parientes ricos. En la medida que América Latina crezca nos iremos acercando en nuestras diferencias…”

Pareciera que ese momento falló: hoy, 390 mil españoles dejan su país en busca de trabajo, la mayoría hacia Latinoamérica

—especialmente México—. Hay casi 27 por ciento de paro laboral en España. Bien predijo Juan Marichal en entrevista: “El nacionalismo en sus países es lo más benéfico para su desarrollo. Un nacionalismo unificador en todo el continente. Un pensamiento que no nació hoy, que tiene 500 años de venir creciendo (…) No asistimos al fin de la historia: asistimos al principio y renovación de la historia”.

El nacionalismo latinoamericano nada tiene que ver con Cataluña o Euzkadi, los más radicalizados que quieren separarse de España, la misma que —reconoce Juan Luis Cebrián—, nos llama “tercermundistas”, “sudacas” o “narcotraficantes”, producto “de una xenofobia muy evidente entre los hispanos hacia América Latina (…) El complejo de inferioridad por haber perdido todo aquello se convierte en superioridad (…) Desde los medios de comunicación españoles hay un cierto desinterés a los temas de allá (…) La generosidad de Latinoamérica sigue siendo muy superior a la nuestra”.

Nada ha cambiado, salvo que ellos están jodidos, igual que acá. “La resaca del despertar”, titulé una crónica.

Twitter: @Braulio_Peralta