La letra desobediente

Cine y curas

María Félix grita “¡No!” a la hostia que le ofrecen en una iglesia: descubre que un prospecto de sacerdote está en misa, el que la violó años atrás: Miércoles de ceniza, de Roberto Gavaldón es el primer filme mexicano (1957) en el que los representantes católicos son criticados por sus actos que van contra su propia religión.  Entre la censura, la hipocresía y la complicidad de los gobiernos con los curas, el cine nacional se ha visto restringido en sus posibilidades creativas… Hasta hace poco.

Es loable el filme de Gavaldón frente al retroceso que implica una película como Los perversos, de Gilberto Martínez Solares, de 1967, donde Fanny Cano intenta seducir al cura Arturo de Córdoba, sin lograrlo, y acosándolo socialmente hasta degradarlo en su comunidad: pero el bien triunfa y el cura manda a un sanatorio para enfermos mentales a la atrevida. Lecciones de “moral” en medio de las mentiras de Dios.

Luis Buñuel fue quien creó para el cine mexicano lo mejor del tema religioso: donde los sacerdotes no son santos por derecho vaticano. Bastaría con mencionar a Él (1952), Nazarín (1958) y Viridiana (1961)… Hasta que llegó Carlos Carrera con El crimen del padre Amaro (2002): un filme que sin la censura de la Iglesia aristocrática no habría tenido aquel éxito de taquilla, independientemente de ser la mejor en su género.

Ahora exhiben una película donde la denuncia va contra los pederastas: Obediencia perfecta, ópera prima de Luis Urquiza, de regular calidad cinematográfica pero de una enorme eficacia para exponer un conflicto tan delicado como las vidas de los menores de edad en manos de un hombre —que se dice sacerdote— con permiso para seducir y violar.

Inspirada en la vida de Marcial Maciel, lo que destaca descarnadamente es la actuación de Juan Manuel Bernal, digno de un premio actoral. El filme es tibio, sin guión apenas y con diplomacia hacia las instituciones clericales para obtener el perdón de Dios. Igual hay que verla e insistir en que el cine retome la pederastia como un asunto donde la Iglesia ha sido la principal patrocinadora de esa vejación, aun impune.

El cine mexicano quiere renovar sus temas, géneros, estilos y profundidad argumental. Lo logrará. La censura —y la autocensura— aún pesa. De Miércoles de ceniza a Obediencia perfecta hay un abismo que esperamos pronto se supere por bien de un arte que es necesario enriquecer.

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