La letra desobediente

El Chopo

La Universidad Nacional Autónoma de México preserva lo que funciona, lo que le lleva público, lo que la comunidad de jóvenes desea. Por más de 25 años se ha demostrado que el Museo del Chopo es sede y eje de la Semana Cultural Gay. Dejarla caer por rencillas, ignorancia —o dinero—, es algo que la UNAM debe investigar e impedir.

Esa semana —que fundó José María Covarrubias con el Círculo Cultural Gay— es precedente de lo que los movimientos de liberación sexual hacen en todo el mundo. Somos pioneros: un referente por historia y tiempo. La UNAM no puede permitirse el lujo de fallar a una comunidad que lleva públicos diversos, artistas emergentes hoy reconocidos, conceptos únicos, adelantados a su época.

Lo escribo al visitar la lamentable exposición con el horroroso título de Archivos desclosetados, en curaduría de quinta de Noemi Rincón Gallardo y Nina Hoechtl, y un grupo de investigadores que no se sabe bien qué investigaron. Hacer un intento histórico de lo que ha sido una lucha de siglos pero que en México se focaliza con las primeras organizaciones gays y lesbianas, en 1971, no era tan difícil si se consultan las fuentes.

Contra eso, hicieron discriminadamente una selección que confunde los procesos para llegar a un año, 2015, donde se acepta el matrimonio en todo el país por petición de la Suprema Corte de Justicia.

Desaparecen el nombre del fundador de esa semana, omiten el nombre del suplemento “Letra S” y su antecesora, “Sociedad y Sida”.  Aparecen ediciones de libros y revistas nuevas y olvidan las fundadoras. Sin línea narrativa —cronológica o de cualquier tipo—, convierten en caos una muestra que se presenta como una instalación de cuarta con impresiones de mala calidad que ni siquiera permiten consultar los documentos que exhiben. ¿En eso  gastaron los 242 mil 320 pesos que les dio la UNAM?

La Semana Cultural Gay, insisto, es referente mundial sobre el tema, no intereses de particulares con pretensiones artísticas. La universidad no lo debe permitir, la primera que abrió a la diversidad sexual un espacio público que, insisto, debe preservar como patrimonio de la historia reciente, en la que México quiere ser libre de prejuicios sexuales (como que el secretario de Gobernación pida disculpas públicas a la nación por el maltrato a dos soldados del ejército por discriminarlos por VIH hace 18 años).

Bien por el Estado, mal por la UNAM.

braulio.peralta@milenio.com

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