La letra desobediente

Rimbaud en Dylan

El suyo es un discurso llevado por el viento, por eso no le llega la noticia. ¡Nobel, has ganado el Nobel! El aire como la vida que cae en una tumba, donde no tiene cabida el éxito. El paisaje como una llaga lunar, donde la transparencia no deja ver el mundo. Luz más luz en plena oscuridad. Aire o polvo. Nada.

La vida es una caja idiota que reverbera como el odio que crece contra las buenas causas. Y su respuesta, el método del vidente cuya lírica se pronuncia contra la guerra estéril. La palabra necesaria para que el imperio despierte de su ignorancia. Desbordar la letra y reasignar los sentidos al ritmo de la poesía como un paño de sueños.

¡Despertad, despertad, despertad! Vive en lo alto de la luz. Siente desde el limbo, ahí donde las emociones gobiernan. Como si Rimbaud reviviera en Dylan, cuando el abismo es un pozo sediento de saber. No te premian a ti, poeta, sino al tiempo de la decadencia, para ver si acaso así dejamos de sucumbir. Esa es la intención y hay que dar gracias al galardón, y a ti, conciencia del destino.

Es la era del vacío y el tiempo sin trazo. Alacranes y hienas en la sangre. Caen los árboles. Sube la infamia. El relámpago estalla en una botella. Una niña extraviada busca a sus padres. La igualdad es una ironía. Estamos perdidos en medio de la nada.

Pero celebramos la tragedia porque alguien la deletrea. Igual así nos levantamos. Igual así no callamos. Igual amanecemos de otro modo. La libertad quiere marchar, y Dylan —como Rimbaud— anuncia un atisbo de esperanza. Errantes que cantan y bailan y dicen versos de comprensión para acallar las desgracias de la tierra.

(Tuve que leer Caravana de sombras para encontrar la forma de escribir de Dylan. Gracias, Rubén Rivera, por ese Rimbaud en Abisinia, la comarca de nuestros males. Un camino de sangre donde las almas quedan sin designio. Del territorio donde los infortunios del mundo se concentran —África—, ahora en Estados Unidos, Dylan es el espejo. Tenía que quedar ahí el Nobel. Nunca mejor dado).

Porque seguimos en el ojo del demonio. Dios no se aparece. Nadie escucha a los poetas. Camino sin fin. Derrota de navegantes. Dylan canta y quizá sea la hora de sentarnos a oír que la respuesta no está en el viento, sino en nuestras conciencias; en esos cadáveres, los ancestros que arrastramos, no en ese festín efímero que es la desmemoria.

Pon tu dedo en la boca de los muertos: igual así despiertas.