La letra desobediente

Alan Turing

A Goyita

Una manzana, con apenas un mordisco —envenenada de cianuro—, mató a Alan Turing, científico que está siendo redescubierto por las mayorías gracias al filme El código enigma. La muerte le llega dos años después que el gobierno británico lo condena a prisión perpetua, o castración química, por homosexual. Turing opta por lo segundo. Es el hombre al que debemos la computadora y el origen de los teléfonos celulares.

Se dice que Steve Jobs ordenó diseñar con la manzana mordida sus computadoras Macintosh como homenaje a la persona y obra de Alan Turing, antes que a Newton —que descubrió la Ley de la Gravitación Universal, gracias a la caída de un árbol de aquella fruta, en el momento que estaba leyendo un libro—. Lo cierto es que es un enigma la verdadera razón de su muerte.

B. Jack Copeland, director del Archivo Turing para la historia de las computadoras, escribió un libro sobre el científico en el que pone en duda la idea del suicidio. Lo escribe así: “Algunos pueden haber considerado que sabía demasiado sobre demasiadas cosas. En 1950, el senador Joseph McCarthy  había iniciado la histérica ‘era McCarthy’ en Estados Unidos  y, a punto de terminar 1953, el maccarthismo estaba muy crecido. McCarthy declaró que los homosexuales que estaban al tanto de los secretos nacionales eran una amenaza para la seguridad estadunidense. ¿Llevaron los servicios secretos a cabo asesinatos encubiertos en Gran Bretaña?” Turing murió en 1954.

Copeland abre una puerta que solo la historia, lenta para escribirse, lo dirá algún día. Lo vergonzoso para el gobierno británico es que la misma ley que mandó a la cárcel a trabajos forzados al escritor Oscar Wilde es la misma que condenó a Alan Turing a una castración química, por ser homosexuales. Ley que desapareció apenas en la década de los 70. El perdón de la reina Isabel y el gobierno británico llegó tarde.

No sabía nada sobre Turing. Cuando fui a ver El código enigma pensé en toparme con una cinta de acción y guerra contra Hitler. El descubrimiento fue revelador y emotivo. Pero cuando la película se empezaba a poner buena, termina. No permite contar la atroz historia humana que vivió un hombre condenado a la homofobia de su tiempo. Vale la pena leer el libro Alan Turing. El pionero de la era de la información, de Copeland, para entender las fauces de gobiernos que nos roban hasta nuestra identidad. Duro.

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