Articulista Invitado

El verdadero reto de la pobreza extrema

La proporción de personas en los países en desarrollo que vive en condiciones precarias se ha reducido a la mitad entre 1990 y 2010; ahora la gran pregunta es si esta rápida mejora se puede mantener de tal modo que la pobreza sea historia.

La extrema pobreza —vivir con menos de 1.25 dólares al día, según estimaciones actuales— es un problema constante para demasiadas personas en la actualidad. En México, tal nivel de pobreza aún afecta a 800 mil personas, de acuerdo con el Banco Mundial.

También es, indiscutiblemente, uno de los retos más importantes de abordar, porque la gente más próspera puede acceder a más alimentos, mejor educación y atención sanitaria; en general, vivir mejor.

Por lo tanto, ese gran progreso en la reducción de la pobreza en los últimos años es bueno. La proporción de personas en los países en desarrollo que vive en la pobreza se ha reducido a la mitad entre 1990 y 2010.

A escala mundial, según el Banco Mundial, poco más de mil millones de personas siguen viviendo en la pobreza, a pesar de que eso representa una baja de 1.9 mil millones en 1990. La gran pregunta ahora es si esta rápida mejora se puede mantener de modo tal que podamos realmente hacer que la pobreza sea historia.

Esta es la pregunta que el profesor John Gibson, de la Universidad de Waikato, se propone responder en un documento encargado por mi grupo de expertos, el Centro para el Consenso de Copenhague. Él es uno de los más de 60 economistas expertos que evalúan una serie de objetivos ambiciosos que cubren 18 grandes temas y estiman los costos y beneficios de las diversas opciones.

A comienzos del siglo se acordaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), y se han hecho grandes progresos en áreas importantes, incluida la reducción de la pobreza. Ahora 193 gobiernos nacionales están trabajando en la ONU para acordar un nuevo conjunto de objetivos mundiales para los próximos 15 años.

Ya que tenemos recursos limitados para hacer frente a todos los males del mundo, los objetivos tienen que ser elegidos cuidadosamente para que sean asequibles y rentables.

La solución obvia es, probablemente, no abordar frontalmente la pobreza, sino enfocarse en otra política que podría ayudar dramáticamente: el libre comercio.

Los costos de completar exitosamente las negociaciones de la Ronda de Doha, de la Organización Mundial del Comercio, generarían más de 2 mil veces su valor en beneficios para los países en desarrollo, y sacarían a 160 millones de personas de la pobreza. Sin embargo, esta política también ha resultado ser muy difícil de implementar, y Doha está languideciendo.

Gibson señala que, ya para los ODM en 2000 se evaluó una serie de objetivos alternativos y fueron rechazados en favor de uno simple: reducir a la mitad la tasa de pobreza absoluta. Él argumenta que este tipo de objetivo sigue siendo el más sensato.

Sin embargo, cualquier objetivo puede sonar aparentemente simple, pero medir el progreso —o incluso crear una base de referencia confiable— puede estar plagada de dificultades.

La recopilación de datos estadísticos fiables es casi imposible en los países con poca infraestructura de encuestas, los mismos lugares donde la pobreza sigue siendo un gran problema. Y, si no podemos medirlo, no sabemos si los recursos se están utilizando correctamente.

Lo mejor que se puede hacer es tomar cifras donde están disponibles y sacar conclusiones lo más amplias que podamos. Esto es posible para Vietnam, que ha logrado un progreso sorprendente en los últimos años.

En 1993, 64 por ciento de la población estaba por debajo de la línea de pobreza; para 2010, esto había descendido a solo 5 por ciento. Los beneficios son de gran alcance. No solo las personas ganan más y tienen mejor acceso a una buena nutrición, sino que la gente más próspera normalmente está mejor educada, vive más tiempo y puede hacer una mayor contribución a la economía en general.

Podemos estimar el costo más bajo para sacar gente de la pobreza, como la suma del dinero necesario para tapar su brecha de pobreza. Resulta que cada dólar transferido rinde 6-9 dólares en beneficios generales, ambos medidos en aumento de la longevidad, mejor educación y mayores ingresos.

Esto, sin embargo, supone que el dinero puede ser perfectamente encaminado, pero esto es una tarea imposible. Parte del dinero se utilizará indebidamente y parte se perderá, por lo que la verdadera recuperación de la inversión se puede reducir a la mitad, tal vez 4-6 dólares por cada dólar invertido.

El otro punto importante es que los enormes progresos realizados en países del este de Asia (incluyendo Vietnam) en el pasado reciente se deben a factores que probablemente no se reúnen en otro lugar. Esto es particularmente cierto en África subsahariana, donde se está concentrando la pobreza, aunque a mediados de la década de 1980 las tasas de pobreza eran muy similares en ambas regiones.

Muchos países de Asia oriental pueden ser considerados como estados con la capacidad de hacer las reformas institucionales necesarias para impulsar el crecimiento. Por desgracia, hay pocos estados africanos en una posición similar.

Otro factor importante en juego en el este de Asia es el simple hecho de que el alimento básico es el arroz. A medida que la prosperidad ha aumentado y se ha consumido más trigo y carne, el arroz se ha vuelto más barato para los pobres que dependen más de él.

En los países africanos donde hay mucha más dependencia del trigo y el maíz, la demanda de estos granos para la alimentación animal y biocombustibles empuja el precio hacia arriba. Esto no significa que debamos renunciar a otras regiones, pero debemos reconocer la dificultad de mantener la rápida tasa de reducción de la pobreza en el mundo, tal como la vimos en las últimas dos décadas.

La pobreza es un tema complejo, pero la experiencia demuestra que se puede hacer mucho. El libre comercio, por ejemplo, puede estimular el crecimiento de las economías en desarrollo y ofrecer más puestos de trabajo. La migración más libre también podría ser una gran manera de aumentar los ingresos individuales. Invertir en programas inteligentes puede ayudar a millones de personas a salir de la pobreza.

*Bjørn Lomborg es autor de los best seller El ecologista escéptico y Cool It, director del Centro para el Consenso de Copenhague y profesor adjunto de la Facultad de negocios de Copenhague.
Web: http://www.lomborg.com/  Twitter: @BjornLomborg