Articulista Invitado

¿Es justo usar políticas climáticas para mantener pobres a los pobres?

China sacó a 680 millones de personas de la desigualdad en los últimos 30 años, pero no mediante la explotación de tecnologías relacionadas con el viento o el sol, sino a través del barato, pero contaminante carbón; al igual que África.

El acceso a la energía barata y abundante es una de las mejores maneras de sacar a la gente de la pobreza. Los análisis muestran que existe una conexión clara entre el crecimiento y la disponibilidad de energía en África. Más espectacular aún, China ha sacado a 680 millones de personas de la pobreza durante los últimos 30 años —no mediante la energía del viento o del sol, sino a través del barato, aunque contaminante, carbón.

Sin embargo, muchos líderes de opinión ricos se sienten cómodos declarando que la energía barata y el desarrollo de los pobres son opacados por las preocupaciones climáticas. Estados Unidos y varios países europeos anunciaron el año pasado que no van a apoyar el financiamiento internacional para las plantas eléctricas alimentadas con carbón en los países en desarrollo.

Estas naciones se abstuvieron la última vez que el Banco Mundial ayudó a financiar la planta de energía Medupi alimentada con carbón en 2010 en Sudáfrica. Hoy en día, habrían votado en contra.

Aún así, Medupi proveerá 10% de la energía sudafricana y evitará los cortes de energía recurrentes. El ministro de Finanzas de Sudáfrica planteó claramente su argumento: “Para sostener las tasas de crecimiento que necesitamos para crear puestos de trabajo, no tenemos otra opción que construir una nueva central generadora de energía eléctrica, basada en lo que, por ahora, sigue siendo nuestra fuente de energía más abundante y asequible: el carbón.” Y el Departamento del Tesoro de EU reconoce que sin una central eléctrica de carbón en Sudáfrica “la recuperación económica se verá afectada, impactando negativamente en la electrificación, la creación de empleo, y los indicadores sociales.” Sin embargo, ahora les decimos a los pobres del mundo que ellos no deberían obtener energía barata.

La falta de energía es el problema ambiental más importante del mundo. Casi la mitad de los habitantes del planeta o cerca de tres mil millones de personas queman estiércol, cartón y ramas dentro de sus casas para cocinar y mantenerse calientes. La consiguiente contaminación del aire interior mata 3,5 millones de personas por año.

Permitir que estos países pobres tengan acceso a la electricidad puede terminar con este tipo de contaminación del aire interior mientras se hace un enorme bien. Puede permitir que las familias tengan luz para leer por la noche, una computadora para estar en contacto con el mundo y un refrigerador para evitar que los alimentos se echen a perder. También permitirá a las empresas una producción más competitiva, proporcionando puestos de trabajo y progreso económico.

Sin embargo, cuando los líderes mundiales hablan de dar energía al tercer mundo, la impresión es que todo se refiere a los páneles solares. Claro, éstos pueden alimentar la principal luz LED y quizás cargar un teléfono celular. Pero son demasiado débiles para alimentar estufas eléctricas, calefactores y refrigeradores, sin hablar de la agricultura y la industria que pueden sacar a la gente de la pobreza.

Un buen ejemplo es la loable iniciativa de Obama, Power Africa (Energía para África), que tiene como objetivo aumentar la generación de electricidad y el acceso a servicios modernos de energía en seis países africanos pobres.

Sin embargo, la Overseas Private Investment Corporation (OPIC), que pondrá en práctica la mayor parte de este acceso, prefiere mayoritariamente la energía solar y eólica —más de 95% de todos los proyectos de energía en los últimos cinco años fueron energías renovables.

Esto es importante, porque las inversiones en energías renovables cuestan mucho más y es más difícil atraer a coinversores.

Un nuevo artículo de Todd Moss y Ben Leo del Center for Global Development (Centro para el Desarrollo Global) plantea el dilema muy crudamente. Si Obama gasta los próximos 10 mil millones en la electrificación del gas, puede ayudar a sacar a 90 millones de personas de la pobreza. Si solo utiliza energías renovables, los mismos 10 mil millones pueden ayudar solo a 20-27 millones de personas. Usando energías renovables estaremos eligiendo deliberadamente dejar a más de 60 millones de personas en la oscuridad y la pobreza.

Por supuesto, usted puede argumentar legítimamente que reducir las emisiones de CO2 es más importante que ayudar a los pobres. Pero usted no puede afirmar, como les gustaría hacer a muchos ecologistas, que no hay ninguna solución intermedia —que se pueden lograr mágicamente ambos, reducir las emisiones de CO2 y aún así ayudar a más personas.

Me parece inmoral desear reducir las emisiones de CO2 a través de negar a los más pobres el acceso a la energía mientras que nosotros, en Occidente, continuamos obteniendo más de las dos terceras partes de nuestro consumo mucho más alto de energía a partir de combustibles fósiles.

La única manera de hacer frente de forma sostenible el calentamiento global es aumentar drásticamente la inversión en I+D verde que con el tiempo convertirá a las energías verdes en tan baratas que todo el mundo querrá cambiar a ellas. 

Pero en este momento, tenemos la responsabilidad moral de ayudar a sacar la mayor cantidad de personas de la pobreza como sea posible.

Nuestra ayuda para el desarrollo debe ser utilizada para ayudar a 60 millones de personas más a salir de la pobreza, no como una herramienta para hacernos sentir virtuosos sobre decisiones verdes simplistas.

 (*) Es autor de los best sellers ‘El ecologista escéptico’ y ‘Cool It’; es director del Centro para el Consenso de Copenhague y profesor adjunto de la Escuela de Negocios de Copenhague. Su último libro es ‘How Much have Global Problems Cost the World? A Scorecard from 1900 to 2050’.