Articulista Invitado

Inversiones eficientes en salud

Gastar los recursos para atender enfermedades como la malaria, tuberculosis, ébola, incluso el VIH, permitirá obtener beneficios hasta de 43 dólares por cada uno que se invirtió; virus que afectan a países en pobreza, principalmente.

El ébola recibió gran parte de la atención en 2014 y mató a unas 8 mil personas. En el mismo periodo de tiempo, sin embargo, alrededor de 4 millones de personas murieron a causa de sida, tuberculosis y malaria.

La verdad es que, a pesar del gran progreso en la atención sanitaria, la mayor parte del mundo está siendo devastada por una enfermedad prevenible, siendo los más pobres quienes más sufren. La buena noticia es que la lucha contra estas enfermedades resulta ser una extraordinaria buena inversión.

Puede sonar insensible establecer las prioridades de la salud con base en la rentabilidad, pero en realidad es la mejor manera de hacer el mayor bien a nivel mundial con recursos limitados. 193 gobiernos están trabajando en una serie de prioridades en las que el mundo debe concentrarse hacia 2030 y la lista final se decidirá en Nueva York en septiembre de 2015.

Para ayudar a tomar las decisiones adecuadas, mi grupo de expertos, el Centro para el Consenso de Copenhague, les ha pedido a más de 60 equipos de los principales economistas que evalúen algunos de los objetivos clave que se han propuesto y argumenten a favor de aquellos que deberían ser parte de la lista final.

La salud es un gran tema, y hemos tenido las perspectivas de los cinco grupos de expertos, además de una serie de comentarios. La defensa que presentan para hacer frente a enfermedades mortales es muy fuerte. Tomemos la tuberculosis. 2 mil millones de personas en todo el mundo llevan la bacteria que lo causa, y una de cada 10 de ellas va a desarrollar la enfermedad.

La tuberculosis probablemente mató a cerca de 100 millones de personas en el siglo XX (www.informationisbeautiful.net/visualizations/20th-century-death) y fue una de las principales causas de muerte antes de que se dispusiera de antibióticos. El éxito de este tratamiento casi ha acabado con la tuberculosis en países ricos, pero sigue siendo una enfermedad de los pobres y mata a alrededor de 1.5 millones cada año.

En las Américas, el riesgo de tuberculosis se redujo dos tercios desde 1990, con 14 mil muertes en 2013. El riesgo global de morir por tuberculosis se ha reducido en más de un tercio en los últimos 20 años y desde 1995 se estima que los avances han salvado de la muerte a 37 millones de personas.

Sin embargo, nuevos progresos han sido obstaculizados por sistemas de salud débiles, por la pobreza y por las cepas multirresistentes de la tuberculosis. A pesar del precio que se cobra la tuberculosis, el tratamiento para esta enfermedad recibe solo 4 por ciento del total de la cooperación al desarrollo gastado en salud, en comparación con 25 por ciento para el VIH.

La tuberculosis puede ser difícil de detectar, especialmente en países con sistemas de salud deficientes, y la Organización Mundial de la Salud recomienda un tratamiento preventivo de drogas que cuestan solo 21 dólares por persona, para poblaciones de alto riesgo. El tratamiento es muy eficaz y, en promedio, puede dar a la gente otros 20 años de vida productiva.

Ayudar a casi todos los enfermos tendrá un costo de alrededor de $8 mil millones al año, pero proporcionará beneficios por valor de casi $350 mil millones. Cada dólar que se gasta de esta manera generará 43 dólares en beneficios.

La malaria es otra enfermedad mortal. 90 por ciento de aquellos a quienes mata están en el África subsahariana y 77 por ciento son niños menores de cinco años. Sin embargo, las Américas todavía tenían 427 mil casos de malaria en 2013, de los 1.2 millones que hubo en 2000 (www.who.int/malaria/publications/world_malaria_report_2014/wmr-2014-no-profiles.pdf).

Por lejos el tratamiento más eficaz es el uso de una droga llamada artemisinina. Como todos los fármacos utilizados ampliamente, existe el peligro de que los parásitos de la malaria desarrollen resistencia a él, por lo que es fundamental retrasar la resistencia mediante el uso de la artemisinina en combinación con uno o más de otros medicamentos contra la malaria.

En total, esto probablemente tendrá un costo de alrededor de 500 millones de dólares, pero tendrá beneficios por 20 mil millones de dólares, o alrededor de 36 dólares de beneficios por cada dólar gastado.

Pero ¿qué pasa con el VIH/sida? El tratamiento con medicamentos antirretrovirales ha hecho una enorme diferencia para las personas infectadas por el VIH, pero sigue causando sufrimiento humano a gran escala en el África subsahariana, donde vive 70 por ciento de la población mundial de personas seropositivas.

A nivel mundial, 35 millones de personas viven con el VIH, pero solo 180 mil viven en México (www.unaids.org/en/dataanalysis/datatools/aidsinfo).

El equipo que estudia esta enfermedad estima que el uso actual de los medicamentos antirretrovirales debería ampliarse —duplicando el monto gastado en él— para llegar a todas aquellas personas con sistemas inmunes significativamente debilitados.

Esta no es una opción barata, con una demanda de otros $10 mil millones al año, pero alcanzando 90 por ciento del grupo objetivo de pacientes, podría salvar muchas vidas y ser rentable.

Cada dólar gastado daría beneficios (años más de vida) valuados en $10. Y esta no es la única opción. La circuncisión masculina es un tratamiento que se practica una única vez y puede reducir la transmisión del VIH a los hombres durante las relaciones sexuales en un 60 por ciento y, con cierto retraso, también puede reducir la transmisión a las mujeres.

Aunque no es tan eficaz como el tratamiento generalizado de drogas, el costo sería de unos $30 millones anuales, pero proporcionaría beneficios por casi mil millones de dólares por año. Cada dólar gastado retribuiría 28 dólares en beneficios.

En el sector de la salud, estamos complacidos por una gran diversidad de buenos proyectos para elegir y gastar dinero de manera eficiente y transformar la vida de las personas. Ahora les toca a los gobiernos del mundo ver la evidencia y tomar buenas decisiones sobre las prioridades para los próximos 15 años. Las vidas de millones de personas dependen de eso.

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*Bjorn Lomborg es autor de los bestsellers El ecologista escéptico y Cool It, director del Centro para el Consenso de Copenhague y profesor adjunto de la Facultad de negocios de Copenhague.

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